Ben Hildred es inglés. Nació en la localidad de Lincoln, y lleva años persiguiendo el verano eterno. Es por eso que pasa los meses cálidos del hemisferio Norte en sitios como Whistler (Canadá) en la Columbia Británica, para saltar a Queenstown, Nueva Zelanda, y exprimir al máximo el verano del hemisferio Sur.

La particular cruzada de Ben Hildred en pos del verano sin fin le ha permitido explorar las mejores comunidades ciclistas subido a su medio de transporte terrestre: la mountain bike.

Sí, porque Ben Hildred no tiene (ni ha tenido) coche, y una vez en tierra se desplaza pedaleando. ha elegido la libertad de las dos ruedas, bien sea para ir al trabajo o para, simplemente, pasarlo bien por los senderos de los alrededores.
El tiempo que pasa sobre la bicicleta es sagrado para él, ya que le ofrece un espacio de relajación y reflexión, y al mismo tiempo le sirve para idear retos de cosecha propia.

Estos desafíos son todo menos normales. En 2018, coronó con éxito la carretera Skyline de acceso al Queenstown Bike Park, ascendiendo el equivalente a los 8848 metros de altitud del monte Everest, en un festival del sufrimiento que duró 19 horas sin descansos. Casi nada…
El gran reto de Ben Hildred
Sin embargo, una vez conquistado el “Everest”, el año pasado fijó su mirada en otro reto dudosamente mayor: escalar 55 000 metros verticales en solo 30 días.

Para ello debía rodar por su querida carretera Skyline de acceso al Queenstown Bike Park como única vía principal, y todo ello conservando su trabajo de jornada completa como mecánico de la tienda de bicis Vertigo Bikes, en Queenstown, localidad ubicada en la orilla del lago Wakatipu.
Ben Hildred le dedicó todo diciembre de 2019, de sol a sol, levantándose cada día a las 5 de la mañana para cumplir con la rutina de ascender un mínimo de 1834 metros positivos antes de abrir la tienda a las 7:45 de la mañana, y trabajar durante un turno completo. Y eso que ese diciembre fue frío y lluvioso.

Durante 30 días, escaló la carretera Skyline de acceso al Queenstown Bike Park 111 veces, un logro que fue recompensado con 111 brillantes descensos por los empinados y técnicos senderos del bike park neozelandés.

Para Ben, el propio reto fue la recompensa; y lanzarse por todos esos maravillosos descensos, la guinda del pastel.

En efecto, Ben Hildred ascendió 55 000 metros, pero también los devoró con su Santa Cruz y un selecto montaje de SRAM y RockShox. Y sí, esto es bien real.
