Después de una aclimatación a la altura (entre tres y siete días), la producción de ácido láctico se atenúa, tanto en el músculo como en la sangre. En el organismo provoca que las vías de obtención de energía se limiten exclusivamente a las vías aerobias.
Esta metabolización del lactato y la adaptación de la hipoxia en altitud podemos explicarla con estos mecanismos:
- Disminución del flujo glucolítico.
- Disminución de las reservas de glucógeno.
- Cambios en la capacidad de taponamiento.
- Cambios en la eficacia de la contracción muscular.
Debemos tener en cuenta la capacidad de taponamiento en el control glucolitíco. Esta capacidad está relacionada con la aclimatación a la altura y con la pérdida de la capacidad de la regulación ácido-base de la sangre, debido a una excreción del ácido carbónico.
En individuos aclimatados, a medida que el ácido láctico se forma durante el ejercicio, disminuye el pH sanguíneo y muscular. La presencia de ácido láctico intramuscular ralentiza la glucolisis.
La principal actividad prioritaria es aeróbica, pero hay momentos en que se requiere la obtención de energía por la vía anaeróbica, por lo que es muy fácil vaciar los depósitos de glucógeno, a causa del aumento de metabolismo glucolítico. Este es causado por la hipoxia y la baja disponibilidad de alimentos.
El músculo utiliza directamente los aminoácidos ramificados (AAR) como sustrato energético, al ser más biodisponibles que la propia grasa corporal, que solo se oxida eficientemente en condiciones normales de oxígeno.
La utilización de las AAR requiere la activación del ciclo glucosa-alanina para producir la gluconeogénesis. La utilización de estos aminoácidos como recurso energético induce a la pérdida de masa muscular, debido a la proteólisis inducida por déficit de los depósitos de glucógeno, si no hay una correcta planificación nutricional.
Así, en una situación de catabolismo proteico y déficit de glucógeno, aumenta el uso de ácidos grasos como vía energética principal. En situación de hipoxia podría llevar a una cetoacidosis metabólica.
Por todas estas razones, una buena planificación nutricional será necesaria para una buena adaptación en altitud. Las situaciones de hipoxia aumentan el metabolismo glucolítico, empeorando la eficiencia energética y la utilización adecuada de la lipólisis.
Las reservas de glucógeno se vacían antes de lo normal y la utilización de las proteínas como combustible energético se activan, con el riesgo que supone para la integridad muscular del protagonista.
A nivel de micronutrientes, prestaremos una especial atención a las reservas de hierro y ferritina para no comprometer la eritropoyesis (producción de glóbulos rojos), así como vitaminas antioxidantes como E y C. Un buen aporte de minerales como el zinc y el selenio serán de gran ayuda para el sistema defensivo.
Qué hacer cuando acabamos de llegar a un lugar de +1500 metros
Una vez llegamos, se producen tres fases:
Acomodación
Es la respuesta inicial del ser humano cuando se expone de forma aguda a la hipoxia de altura. Durante este período inicial, hay un aumento marcado de la ventilación y de la frecuencia cardíaca, forzando todo el sistema cardiopulmonar a través del estímulo simpático.
Estos cambios pueden tardar unos segundos, como la hiperventilación, el incremento de la despensa cardíaca, la vasodilatación arterial sistémica, o se puede dar cambios después de unos días de una estancia en altura o de un entrenamiento en hipoxia intermitente.
Aclimatación
Se produce cuando estás temporalmente expuesto a la altura. En esta fase, hay un incremento en la eritropoyesis, la concentración de la hemoglobina y la capacidad de transporte de oxígeno. La aclimatación en las montañas varía según la velocidad de ascensión y la altura que se quiera alcanzar, teniendo en cuenta el esfuerzo.
Así, por ejemplo, para la ascensión de puertos de montaña de entre 1500 y 3500 metros serán suficientes mecanismos de aclimatación, pudiéndose dar estos cambios en tres días, siempre que se hagan estancias breves en altitud. Para compensar la poca aclimatación, se aumenta la ventilación, la frecuencia respiratoria y FC para obtener más oxígeno.
Esa situación no se puede dar durante mucho tiempo, ya que es una situación poco eficiente que conlleva un gasto calórico y de los depósitos de glucógeno.
Cuando estamos bien aclimatados, ya se han dado unos cambios hematológicos concretos que estabilizan la respuesta respiratoria, cardiovascular y la saturación de oxígeno. Normalmente suelen ser entre tres y siete días.
Adaptación
Se produce cuando el individuo puede realizar actividades físicas y mantener su ciclo vital en altitud. El individuo adaptado en altura puede realizar grandes esfuerzos físicos, de forma prolongada y sin dificultad.
Mal agudo de montaña
El Mal Agudo de Montaña (MAM) es la falta de adaptación del organismo a la hipoxia, estado de deficiencia de oxígeno en la sangre, células y tejidos del organismo, causada por una reducción de la presión atmosférica y niveles bajos de oxígeno a grandes alturas.
Suele aparecer cuando se duerme por encima de 4000 m y afecta a un 67% de los deportistas en altitudes de entre 4000 y 5800 m. Por suerte, nosotros normalmente nos moveremos en altitudes inferiores.
La gravedad de los síntomas depende de la altura a la que se asciende, de la velocidad de ascensión, de anteriores exposiciones a grandes alturas y de la susceptibilidad individual.
Los síntomas más comunes que produce son: cefalea, insomnio, pérdida de apetito, náuseas y fatiga generalizada. Estos síntomas pueden reducir drásticamente la eficiencia cognitiva y motora a gran altura, lo que puede ocasionar una toma de decisiones deteriorada y graves accidentes.

Los síntomas mejoran cuando se desciende de altitud o cuando conseguimos aclimatarnos al cabo de unos días. Si, por el contrario, seguimos ascendiendo, correremos el riesgo de sufrir manifestaciones más graves, como un edema pulmonar o cerebral.
Mantenerse correctamente hidratado y realizar una dieta variada, rica en hidratos de carbono, son algunas de las claves para evitar este síntoma según algunos estudios científicos.
Pérdida excesiva de peso y falta de apetito
Las causas de esta pérdida de peso incluyen el aumento del metabolismo basal, el esfuerzo físico, la disminución de la ingesta energética, una mayor pérdida de líquidos acentuada por una menor ingesta de estos y la malabsorción de nutrientes.
Los estados típicos de anorexia a gran altitud producen que la sensación de apetito se vea alterada y se ingieran menos alimentos, lo que provoca un balance energético negativo.
Problemas digestivos
Los trastornos digestivos son otro de los problemas más frecuentes, sobre todo en carreras de larga distancia o por etapas, si no se trabajan antes con un profesional. Esto se debe a que la digestión se vuelve menos eficiente porque el cuerpo obvia el sistema digestivo a favor de incrementar las reservas del sistema cardiorrespiratorio, con una disminución de jugos gástricos y, por tanto, contiene menos mucosa protectora y tiene menor capacidad de digestión y absorción.
A nivel nutricional, debemos tener en cuenta darle al corredor alimentos de fácil digestión, potenciando el consumo de hidratos de carbono simples y complejos bajos en fibras y grasas.
La diarrea es un problema común que ocurre al consumir agua pobre en minerales, lo que provoca, por el efecto de ósmosis, un aumento de líquido en las heces y, como consecuencia, la descomposición.
Deshidratación
La deshidratación causa alteraciones hidroelectrolíticas y problemas para la termorregulación corporal, asociadas a fallos musculares (especialmente en los descensos).
A su vez, si el agua perdida no se repone correctamente, el líquido plasmático experimenta una reducción de volumen, lo que produce un incremento todavía más alto de frecuencia cardíaca, con el consiguiente gasto de energía.
La hiponatremia es el descenso del nivel de sodio en la sangre y comporta graves riesgos para la salud. La hiponatremia aguda (nivel bajo de sodio ocurrido en un lapso inferior a las 48 horas) es muy peligrosa y puede traer consecuencias tan graves como la disminución de la consciencia, desvanecimiento, desorientación…
Los niveles de sodio en la sangre pueden descender cuando la hidratación se realiza mediante agua sola, sin la adición de sales minerales. Llevar sobres de bebida isotónica, o de sales minerales, es fundamental para realizar unas pautas de hidratación correctas.