El reto de unir cimas: States of Elevation
No basta con coronar montañas. En su proyecto States of Elevation, Kilian Jornet decidió enlazarlas a golpe de pedal, uniendo con la bicicleta los picos de más de 4.000 metros de los 48 estados contiguos. En un mes, completó 72 catorcemiles moviéndose solo con su propia energía —corriendo, escalando y pedaleando—, una odisea que rehúye de récords oficiales y abraza la idea sencilla y brutal de ir de cumbre en cumbre sin ayudas motorizadas.

La dimensión del desafío
La dimensión del reto se entiende mejor si miramos el mapa desde el sillín. Tras abrir el proyecto en Colorado, donde encadenó 56 picos en 16 días, Jornet cruzó pedaleando hacia el oeste para encarar California y, más tarde, Washington. Solo en esa primera fase, enlazando rutas míticas como LA Freeway o Nolan’s 14, ya había sumado centenares de kilómetros de transición por carreteras y pistas de alta montaña antes de afrontar cada ascenso a pie.

En el tramo Colorado–California acumuló casi 1450 km en bici antes de lanzarse a la High Sierra —Whitney, Shasta y la travesía «Norman’s 13» en apenas 56 horas—, una secuencia que, más que una conexión logística, fue una prueba de resistencia por sí misma. El guion incluía desiertos, pasos ventosos, rectas interminables y cambios bruscos de temperatura, con la bici como único pasaporte entre cordilleras.



El material utilizado por Kilian Jornet en States of Elevation
Todo se articuló alrededor de un material sencillo y muy pensado: dos Trek personalizadas —una Checkpoint para el Gravel y los accesos duros de tierra, y una Madone para los tramos largos de asfalto—, ambas con componentes SRAM. La elección no es casual. La Checkpoint permite presiones bajas y control cuando la ruta se vuelve pedregosa y remota; la Madone convierte los días de viento de cara y rectas abrasadoras en algo más llevadero gracias a su enfoque aero.

| Bicicleta | Terreno | Característica principal |
| Trek Checkpoint | Gravel y tierra pedregosa | Presiones bajas, mayor control |
| Trek Madone | Largas rectas y asfalto | Aerodinámica, comodidad al viento |
La combinación responde a una filosofía que la firma de Wisconsin reivindica: ligereza, eficiencia y mínimo impacto para un viaje que es tanto deportivo como ambiental.
Autonomía y método: claves para la autosuficiencia
El enfoque de Kilian Jornet sobre la bicicleta
La autonomía fue otro pilar. Jornet no es un ciclista profesional, pero su manera de entender la bici encaja con su alpinismo: economía de gesto, cadencia constante y cero dramatismo. En jornadas encadenadas, la bici no es descanso: es otro esfuerzo, distinto y complementario, que exige cuidar la espalda, los hombros y la alimentación con la misma seriedad que en un ultra. El propio Kilian lo explica con naturalidad: dividir el monstruo en etapas, adaptarse a lo que venga —calor, nieve, viento— y seguir moviéndose.



Las cifras del proyecto States of Elevation
Poniendo cifras a la gesta, la aventura terminó acumulando más de 4.800 km pedaleados en total, con un desnivel positivo cercano a 123.000 m si contamos el conjunto de la gesta —una comparación recurrente habla de subir 14 veces el Everest—.
Son cifras que, situadas en una cronología de 31 días, explican por qué la parte ciclista es el pegamento del proyecto: sin esas transiciones a golpe de pedal, el mosaico de cumbres dispersas sería imposible.
| Cifra | Valor |
| Km pedaleados | + 4.800 km |
| Desnivel positivo acumulado | ≈123.000 metros (14 Everest) |
| Cimas en Colorado | 56 cumbres en 16 días; transiciones internas continuas en bicicleta |
| Transición Colorado-California | ~1.450 km en bici antes de los grandes bloques de la Sierra |
| Días totales de aventura | 31 |
Lecciones y obstáculos en ruta
Colorado fue la escuela. Tras arrancar en el Longs Peak, cada bloque de cumbres venía precedido por noches en la bici y madrugadas de pedaleo hasta el pie de ruta. Allí, la mezcla de altitud, pistas irregulares y meteorología montañera obligó a jugar con cubiertas y presiones como en una prueba de ultra-Gravel, antes de colgar la bici y echarse a correr. La sequedad del altiplano y las tormentas veraniegas apretaron el guion, pero también templaron el ritmo para lo que venía después.
El salto a California elevó la apuesta. La High Sierra requiere transiciones largas y, muchas veces, sin servicios: agua racionada, avituallamientos calculados, sueño en el margen justo.
Pedalear solo decenas de kilómetros entre el polvo y la nada, con el perfil de la Sierra recortándose a la izquierda, tiene algo de penitencia bella que explica el porqué de su proyecto: llegar a pie de monte «limpio», sabiendo que todo lo que has recorrido hasta allí también cuenta. Ese enfoque, más estético que competitivo, ha sido subrayado por quienes han seguido su aventura: elegir la línea más coherente, no la más fácil.



La llegada a Washington y la conclusión del reto
Washington llegó como final poético. Rodar hacia el Rainier, cambiar zapatillas y, otra vez, subir. Un círculo que se cierra con la bicicleta apoyada en la barandilla de un aparcamiento, como si fuera un gesto menor. Pero sin esa bici no hay relato, pues conecta geografías, convierte la distancia en parte del desafío y hace que los vacíos entre cimas cuenten tanto como el último nevero antes de la cima.
Más allá de los récords: filosofía y aprendizaje
Quizás lo más inspirador sea que no hubo prisa por certificar récords. Hubo curiosidad, método y una alegría sobria por pedalear de un mundo a otro y, al llegar, seguir subiendo.
La bici obligó a aceptar lo que traía la carretera: el tráfico que corta el viento, el calor que empuja a rodar de noche, los hombros cansados que piden bajar un punto la potencia. En cada transición, Kilian asumió que la superación no es un sprint, sino un pacto con el cansancio. Y hay que encontrar la cadencia que te lleva un puerto más allá.
Por eso esta historia atraviesa el ciclismo. Porque recuerda —a quienes van con dorsal y a quienes no— que la bicicleta no es un transporte entre hazañas, es la propia hazaña cuando se convierte en la forma honesta de enlazar sueños.
Quien haya pedaleado de amanecer a amanecer lo sabe, ya que hay un momento en que la mente deja de medir y la ruta se vuelve una línea que te nombra. Jornet, al que solemos mirar desde la roca y el hielo, nos deja aquí un aprendizaje muy ciclista. Y este es que la gloria también está en el asfalto áspero, en la pista que no acaba, en el viento que nunca sopla a favor.
Ahora, con Colorado y California ya cosidos a pedal y a pie y el proyecto culminado tras su paso por el noroeste, queda la estela de un viaje humano que no necesitó más motor que dos piernas y una voluntad obstinada. Si su objetivo era inspirar a salir y cuidar estos lugares, cuesta imaginar una forma más potente de contarlo que rodar hasta ellos, subirlos y volver a rodar.

































