Yo soy un sano muchachote de pueblo.
A ver, de pueblo-pueblo igual no, porque en Torrelavega hay fábricas, y coches, y bares de esos oscuros, y los ochenta tuvieron yonquis a patadas. Pero al ladito estaba el pueblín de mi padre, y allí teníamos vacas, y había huerta, y una pila enorme de abono junto a las calabazas, y una higuera grande que olía como a tarta que has dejado al sol.
Así que eso… yo soy un sano muchachote de pueblo.
Y, amigos, en los pueblos estaba muy cotizado el Yondi.
El Yondi es un tractor. De la marca John Deere, que son los mejores, los más potentes, los que pueden meterse en cualquier finca, aunque sea muy empinada y esté llena de barro, y hacer su trabajo con eficiencia. Una máquina que también se comporta de forma competitiva sobre el asfalto. Se les dice Yondi porque aquí somos muy de ahorrar, ya saben ustedes. Una joya. Envidia eterna a quien lo tiene.

Wout van Aert es un Yondi.
¿Quién es Wout van Aert?
Wout van Aert (Herentals, 1994) tiene planta de campeón, pedalada de cosechadora y una cara aniñada que no se corresponde con sus otras características. Vamos, que para dar esos zapatazos con barro hasta en las ingles pega más el rostro de un Maertens o un Van Looy. Cuestión de estética, supongo. Pero qué le vamos a hacer…
En compensación, su gran rival desde que eran chavalines es todavía más glamoroso. Elegante, con pedigrí, esa sonrisita de quién todo lo puede. Van Aert y Van der Poel llevan chocando desde la EGB (solo que ninguno fue a la EGB, porque son denigrantemente jóvenes, al menos desde el punto de vista de quien escribe sobre ciclismo). En kermesses, gymkanas. En ciclocrós y carretera. En los bares, para ir al baño.
Una vez se encontraron en la cola de la charcutería y metieron codos para que les cobrasen la mortadela antes que al otro. O así me lo imagino. De los dos Mathieu parece más elegante, el que tiene más chispa, y a Wout le quedan la fuerza bruta y la mentalidad. No es poca cosa. Y le pega genial al tipo.

Porque tú a Wout van Aert lo pones en un circuito de tierra y el tipo te ara sin problemas un par de hectáreas. Te lo deja todo salladito, salladito, ni una hierba, oigan. Es como Atila, pero con ruedas. Mirada al frente, manos bien cogidas al manillar y hala… al curro. Ir del punto A al punto B, preocuparse lo menos posible de aquello que pasa entre medias. Pedalear, solo eso. También tiene clase, ojo. Toda la del mundo, que sin ella no se pone usted tres maillots arcoíris de la disciplina (con lo bonitos que son) y otros cuatro como campeón de Bélgica (aquello es un apocalipsis, se lo garantizo). Pero, sobre todo, destaca por lo otro. Lo otro. Mentalidad. Dureza.
Hubo quienes lo descubrieron en 2018. Por la Toscana, que es una zona muy bonita donde hacen la carrea esta de la Strade Bianche. Sí, sí, la de los caminos de grijilla, el polvo, el fango de color chocolate con mucha leche. Allí anduvo nuestro Wout partiéndose la cara con tipos como Benoot o Bardet. Tan vacío quedó que en la última rampa, la que lleva hasta la plaza mayor de Siena, empezó a hacer eses. Un poco como yo al volver los sábados de fiesta, ya saben. Tan grave fue el asunto (lo de Wout van Aert, no lo mío) que hasta se cayó de la bici, dejando la clásica foto que todo el mundo recuerda. Presentación en sociedad, si quieren, porque lo del CX hay gente que tampoco lo sigue mucho.
Luego llegaron más cosas. Figura habitual en las clásicas. De todo tipo. Adoquines, muros, caminos sin asfalto, el Poggio y la Cipresa. Ese tono. Victorias aquí y allá, sensación de poderío. Terror. El tipo que más fuerte tira en las fugas, el que esprinta con los mejores, el que te gana medallas en los Campeonatos del Mundo de contrarreloj. Una navaja suiza con mechoncito rubio.

Porque además el tío trabaja. Y no vean cómo. En el Tour, por ejemplo, le faltó servir desayunos por las mañanas a sus líderes. ¿Hay viento? Que pase Wout. Mira esa cuesta tan bonita… poned a Wout delante. ¿Puertos de Primera? Por qué no, prueba a poner marcheta. Dos etapas. Vigésimo en la general. Tercero en la última gran etapa de montaña, con un par de Hors Catégorie por medio. Cuarto en la crono decisiva, la que terminaba en un sitio como La Planche des Belles Filles (segundo hizo su compañero Dumoulin, fue el día de San Pogacar de mi corazón). En fin, digamos que ese día la jugada no fue muy allá para su equipo, pero allá queda el rendimiento. Tomamos nota, sumamos esto y lo de más allá, nos llevamos una, sacamos conclusiones. Ojo.
Francia, tierra extraña. Qué carrera tan rara, qué situaciones tan particulares. Y los recuerdos del año anterior. La caída, las secuelas. Sí, me ha salido bien (bastante bien, incluso) pero volvamos a lo mío. Mira qué bonitas las clásicas, mira qué emocionantes estas cosas. El final de ese 2020 tan raro disfraza a Wout van Aert de Cerro Potosí. Plata, plata y plata. Mundial en Crono, Mundial en Ruta. Y, sobre todo, allí. De Ronde van Vlaanderen. Ay, qué de sueños flamencos. Se reedita el duelo de siempre, el duelo de todos los duelos. Hay que joderse, tantos años después y aquí seguimos. Golpe de riñón, tubular y victoria para Van der Poel. Ya se me han torcido las navidades, menos mal que en nada empieza el ciclocrós.
Cuentan que si para 2021 Wout van Aert quiere probar algo más. Límites nuevos. La crisis de los veintisiete, seguramente. Unos se compran moto, otros se hacen injertos de pelo y él, más bonachón, busca sus techos en las generales. Primero vueltas de una semana, luego ya pasaremos a tres. Tú le miras, le ves correr, y niegas con la cabeza. Nah, imposible. Pero es que lo has dicho tantas veces…
Solo esperamos que esa nueva ambición no lo aleje de objetivos más sucios, terrenales y llenos de fango.
Y que Wout van Aert (Jumbo-Visma) siga pisando campos de Europa como si fuese un tractor.