“En el principio fue el caos. Y del caos salió un maillot con el color de la nieve y el color de la hierba. Y avanzaba ese maillot más rápido que ninguno, en mitad del caos. Y vio quien maneja los minutos que había llegado como nadie antes, y vio quien maneja los segundos que suya fue la certidumbre dentro del caos. Y pensó el Dios Miguel que aquello era bueno”.
Dulce Introducción al Caos,
fragmento de la Biblia de la
Real Federación Española de Ciclismo

Tiene pinta de guiri.
Eso es lo primero que ves. Que tiene mucha pinta de guiri. Un Tao con maillot del Caja Rural, un McManaman recién comidos los fish and chips. Rostro entre paliducho (zona 1) y encarnao (zona 4), el pelo bucleando mechones tipo “arce japonés de jardinería, versión otoñal”, ojos azules, barba raleante, muy delgado. Es lo primero en que te fijas, claro, porque vivimos en un tiempo de fotos.
Luego llegan el resto de cosas. Los apellidos, por ejemplo. Abel Balderstone Roumes (Ullastrell, 2000), ahí es nada. Roumes por el papá de la madre, galo. Balderstone por el padre, que nació en Inglaterra, por Lancaster, entre nieblas y calabobos continuo, cerquita de ese Forest of Bowland donde el tiempo pareció detenerse, donde todo son susurros de brezo y escajos. Tierra de mitos e historia, espíritu de limes. Aire cosmopolita, mezcolanza.

(Miren, yo no voy a mentirles… Abel Balderstone Roumes es uno de los nombres más acojonantes que existen en esto de las bicis. Y eso importa, porque no suena igual “Mortirolo” que “Urbanización Vistamar”, coincidirán conmigo. Así que Abel Balderstone. Victoria de Abel Balderstone. Si es que se te llena la bocuca al decirlo. Muchos éxitos para el muchacho solo por escribir más veces Balderstone. Que significa “la piedra de Balder”, y Balder es el hijo de Odín, y es el hermano de Thor, y dime tú si no es acojonante llevar, por apellido, la piedra de Balder, hijo de Odín, hermano de Thor. Para meter miedo al mismo Tadej).
Fue precisamente papi Balderstone el “culpable” de todo. Porque salía los domingos con la bici, rollo cicloturista, a echar su par de horas con la grupeta. Alrededores de Terrassa, que hay mucho camino tranquiluco. Y a papá se le sumó el hermano, y al hermano quiso sumarse Abel, porque… en fin, dime qué podrías estar haciendo un domingo por la mañana si no andas en bici. Y allí la historia de siempre… que si mira cómo tira el chaval, que si en las cuestas nos lleva con el gancho, que si tenías que llevarlo a un club, porque tiene potenciales, tiene potenciales. Seguro que conocen muchos casos así, solo que en este era verdad. Así que, al equipo del pueblo, y después, como apunta maneras, al Valverde Team. Sí, el Valverde Team. Coincidirán de nuevo lustro y pico después. Alejandro de seleccionador, de seleccionado Balderstone.
Pero no adelantaré temáticas.

Salió, el chico, escalador. Luego nos vamos a lo de cróner, pero, por ahora, escalador. Miren, miren su talle, que parece junco acariciao por el viento. Largo y delgadín, brazos como huesos de pollo, patas a lo Luis Alberto Herrera. Visión clásica de grimpeur, solo que dos palmos más arriba, porque ya no hay grimpeurs a lo Vietto. Y así, cuesta va y cuesta viene, logró su primer gran éxito. Que, a ver, había trincado laureles antes por Portugal (luego iremos, a Portugal), pero es que aquí hablamos de cosas serias. En casa, oye, con la ilusión que hace ganar en casa. Clàssica Terres de l´Ebre. Final arriba de Tortosa. Pero muy arriba de Tortosa, tú. En el Mont Caro. En lo más alto del Mont Caro, donde las antenas. Menudo puerto de doler, ese Mont Caro hasta las antenas. Servidor hubo de sufrirlo hace tiempo, y aun buscan por las herraduras trocitos de mi dignidad. Ay. Pues lo domeñó Balderstone, lo domeñó tras salir de parones, tras estar sin competencias por aquello de recuperar bien. Cuentan que si ataca a nueve de la cima. Después del descanso, antes del descanso. Por la carretera del caracol, para entenderse, allí donde surgen rejos color albo en mitad de los tornanti. Y pum, hasta arriba. Sufriendo como un perruco, con calambres los kilómetros de mal sueño. Calor, deshidratación, regueros de sal áspera bajando por su jersey ultramodernísimo. Dejó imagen cuca, Balderstone, allí, porque para que no se haga bola el músculo recurre a remedios de la abuela… Vamos, que se dio a sí mismo unas buenas hostias. Y no tenía agujas a mano, que si no…
¿Resumen? Que gana, arriba. Que gana, en Mont Caro. Que gana.

Crece.
Progresando. Poco a poco. Espíritu joven, dimensión innovadora. Trabajo duro, pero en disfrute con nuestros tiempos. Cuenta Abel que fue cosa de un amigo. Que tenía negociete, que imaginó… Y lo hacen. Balderstone abre la idea de salir a entrenar juntos. Tú pagas cincuenta eurillos y, hop, al pedaleo con todo un pro. Es comprensible, si lo piensan, porque si pagases cincuenta eurillos por rodar junto a un periodista te iba a cundir poco, por aquello de quedarse en el primer puente. Pero los profesionales… La gracia era ir juntos, charlando. Preguntar sobre esto o sobre aquello. Cómo te preparas, cómo funciona el potenciómetro, qué comes, cuánto. Todo eso que damos en preguntar los reporterillos de pluma fácil. Pero a ciento y muchas pulsaciones (Balderstone iría a noventa y seis, calculo).

Crece, decíamos. Cada vez mejor, cada vez más afinao. Siempre en Caja Rural. Y corriendo donde puede, donde les dejan, donde les invitan. Carreras duras a principio de año, como O Gran Camiño. La de casa, esa Volta donde ve volar a los buenos, donde entiende cómo funcionan estos campeones. Otras que nos suenan más exóticas. Eslovaquia, Croacia, Portugal, Turquía, la tierra de los magiares. Conozca Europa con nuestros muchachos del Caja, podríamos decirles. Y saca resultados. Una escapada aquí, una general interesante allá. La victoria en Guarda que señalé más arriba, en el Gran Premio Beiras e Serra da Estrela. Tierras lusas, un día de lluvia, de frío, de aire. Balderstone (aire de Lancashire, sangre de Catalunya) sufre en esos trances de meteorología, pero cuando hay piernas… Fue su primera victoria, quedaría muy cerca del éxito grande, apenas cuarenta segundos con Artem Nytch, culo pelado de correr emboscadas, toda una estrella en el país vecino, perro viejo por excelencia. Ah, y otro nombre acojonante. Va de eso, el asunto.
Fíjense, no es poca cosa eso de Balderstone en Beiras. Porque pasa bajo condiciones que no le gustan, en terreno suyo-pero-no-tan-suyo. Ciclista que se adapta, que no quiere estancarse, que aspira a crecer. Soy escalador, yo, pero igual también algo de cróner.
Algo.
Todo un Campeón de España, oigan.

“Me gusta sufrir, me gusta la crono”, decía después, cuando todos estaban, aun, con el frotar de párpados. Ocurre por el Genil, y fue una CRI muy poco CRI, porque era más cronosubida que individual. Hasta Los Peñones, en Sierra Nevada. Catorce kilometrucos, siempre subiendo. Ya casi no se ven estas cosas en ciclismo, colega. Salió, Abel, con aviesas intenciones, porque bajaba de una concentración de esas con poco aire, y trajo ritmo de forma sabrosón. Pero… en fin, que a saber. Y luego casi ni se supo. ¿Quieren resumen? Pues que se fastidian los GPS, que se fastidian los cronómetros, que los tipos de meta andan perdíos como un concursante de Gran Hermano en la universidad. O sea, que no sabemos quién hace qué minutines y qué segundos. Y hay incertidumbre. Quienes comentan se columpian, quienes ven aquello están así, como cuando vas a carreras de juveniles y no traes ni el nombre de los ciclistas, ni sus aptitudes, ni el puesto que llevan… nada. Joder. Abel sube fuerte, suelto, regulando. Sabe que su tiempo será competitivo, pero es que ese tiempo competitivo es un tiempo que ni los del tiempo conocen. Primero le dicen que si ha sido top five. Luego suman, restan, se llevan una. Ah, mira, pues no… Eres Campeón de España. El éxtasis. El éxtasis y una sensación de chapuza y vergüenza ajena gordísima, pero eso no es culpa de Balderstone, oigan. Así que el éxtasis.
Tras la incertidumbre, el éxtasis.
Bueno, es un salto de calidad. Indudable. Vale que era prueba de características propias (no hay mucha cronoescalada en nuestros calendarios de hoy), vale que esa organización de caos deslució pelín el asunto, vale que ausencias y muses… Pero es ser Campeón de España, es salir con un maillot representativo en cada esfuerzo individual durante doce meses. Ojos sobre ti. Si lo llevas será por algo.
Indudable.
Y luego la Vuelta. Que empieza con intenciones de escapadas, que acaba con aspiración general. Primer español, nada menos. Puedes andar matizando… pero primer español.

Llegó, allí, con dudas, porque tuvo una bronquitis semanas antes, porque abandonó su concentración, porque… en fin, porque siempre hay dudas cuando tienes 25 años y veintiún días por delante. Llegó, allí, a ver lo que caía. Meterse en cortes, quizá con suerte… Y es lo que hace. Grupo el día de Belagua, otro el día de Los Corrales de Buelna, cuando triunfó Ayuso tras subirse Brenes. Estaba, entonces, entre los veinte primeros, tras ir poniendo semillas, recogiendo cadáveres, por montes y llegadas en alto. Pero faltaba lo mejor. El Angliru, que es cosa muy seria, que es mayúscula cosa. Y, allí, décimo. Hace por aguantar entre los mejores, hace por buscar límites. Llega a tres minutucos, con nueve tíos delante que… en fin, puedes ver la clasificación de ese día, y constatar que aquello era calité de la buena. Cinco jotas, por entendernos. Y Balderstone medrando. Decimosexto de la general arriba de la Cueña, sube dos puestos al día siguiente, otro en El Morredero, uno más por la crono. Ha logrado, Abel, remontar posiciones casi cada día desde la cronometrada por equipos. Vamos, que termina bien la Vuelta, que cada día rueda más fácil, que tiene motores para las tres semanas. Maravillosa novedad para el público.
Decimotercero, dijimos. Tejada, Lecerf delante, y a los dos les fue metiendo manuca en los últimos montes. Cuarto, también, entre los menores de veinticinco, maillot blanco. Fue, como dije, primer español en la general, dos minutos antes que su compi Guardeño. Tampoco es que haya sido la Vuelta más exitosa para los españoles, pero ahí queda, ¿no?
Dice, cuando le preguntan, que su ídolo siempre fue Alberto Contador. Dice, cuando le preguntan, que le gustan las cronos por lo del esfuerzo en solitario, que cada vez se nota más grimpeur. Dicen de él que sufre, que sabe sufrir, que le gusta sufrir, que llega a un nivel de agonía sorprendente. Eso dicen.
Y por eso fue al Mundial. Por eso y por lo de la Vuelta, oigan.

No estaba en la primera lista de Alejandro Valverde para Kigali. Sí, Valverde, otra vez Valverde, cómo es la vida de caprichosa, cómo es el ciclismo de fantástico. Dicen que fue tras la renuncia de Landa, que trae la espalda jodida. Qué hago. Pues a por el chico este que destacó en la Vuelta, el escalador-campeón de España contra el crono. Y, pum, los Mundiales. Los más exóticos que jamás viesen. Concentración en Guadarrama, compartir entrenos, maillot, con los mejores ciclistas del país. Luego viaje hasta el África Central. Oye, Abel, ¿sabes que van a ser unos Campeonatos durísimos, quizá el pico de dureza desde Colombia? Y Abel sonríe. Él al curro. No hace la crono, centrado en ruta. Allí… trabajar, trabajar y trabajar. Kilómetros de desgaste, de ayudar a su líder Ayuso, de ponerle las cosas más sencillas. Luego me descuelgo y boxes. Con Tadej estos asuntos acaban tres horas antes de meta.



Pero tenía los ojos abierto. Abel, digo, tenía los ojos abiertos. Mientras ayudas, aprendes. De rodar con los ases, aprendes. En un escenario único, aprendes. Igual que la Vuelta. Aprendes que mantener un puesto y filtrarse por fugas es compatible, pero difícil. Que “correr la general” desgasta mucho. Que los buenos son muy buenos, aunque cada vez los veas más cerquita. Aprendes. Hoy Balderstone está en la tesitura de dar el salto. De que lo vigilen, de ser importante, de aparecer en quinielas e “y sis”. Hoy, Balderstone, parece preparao para asumir crecimientos, para que le den galones. No perderle el ojo. Chaval a seguir.
Ojalá salga bien.
Quiero escribir muchas veces su nombre.