Hace años había un montón de estos, pero ahora solo queda él. De estos. Ciclistas, italianos. Pillos, muy pillos. Cucos. Parece de chiste. Van un español, un francés, un belga y un italiano en fuga… Ni puta gracia, todos sabemos el final. Posiblemente el de la Bota alce los brazos, se vista con el maillot amarillo, termine triunfando esa noche en la discoteca y al día siguiente lleve una banda de “Míster Elegancia”. Y sin dar pedalada de más, oigan.

Robaperas de pedigrí, asaltadiligencias entrenados en los mejores western, tipos de esos que van a las charlas y dicen lo típico de “más que una pregunta yo tengo cierta reflexión”. Los que guiñan ojos a la madrina en un bautizo, seguro que conocen a alguno. Triunfan mucho, y siempre llevan la sonrisa puesta, como si fuese el complemento de moda. De hecho son tan simpáticos que a veces hasta olvidas que te ganaron mirando tubulares traseros durante kilómetros y kilómetros.
Y así es Sonny Colbrelli.
El aire retro de Sonny Colbrelli
Sonny Colbrelli (Desenzano del Garda, 1990) tiene un aire noventero que no puede con él. A veces pareciera que se va a filtrar en escapadas con Coppolillo, Mariano Piccoli y Chimo Bayo. Rara avis, recuerdo de todo lo que fuimos. Está bien, por no perder viejas costumbres. En este ciclismo tan internacionalizado de hoy (con equipos que exhiben banderas exóticas) una pequeña vuelta a los orígenes no le hace daño a nadie. A ver, a quienes van con Colbrelli en grupito sí, porque esos palman, pero ustedes me entienden.
Aire retro también en su evolución. Primero escuadra pequeñaja, una de esas que hay por Italia y casi ni ves el color de su maillot, tan lleno está de patrocinadores. Desde neumáticos o cuadros para bicis hasta la charcutería del pueblo y ese bar tan salado donde ponen los negronis riquísimos. Seguro que se hacen cargo. Allí empieza a destacar.

Poco a poco, porque las apariciones fulgurantes son cosas del ahora, y Colbrelli es un hombre tradicional. Primero foguearse en el calendario de casa. Ganar cositas. Si tienen nombre eufónico mejor, porque para ciertos asuntos somos la mar de coquetos. Los Apeninos. Gran Premio Industria y Comercio de Prato. El Memorial Pantani, nada menos.
Coppa Agostini, Coppa Sabatini, Tres Valles Varesinos, el Calcio, la Copa de Italia de baloncesto, Eurovisión disfrazado, Oscar en una peli con Marcello Mastroiani y Sophia Loren. Bueno, igual algunas cosas no son exactas, porque tiro de memoria y a cierta edad…
Rápido, muy rápido
Eso… tipo rápido. Muy rápido. Esprínter de segundo nivel, uno que casi nunca gana en pelotones gordos pero si lo ves filtrarse en la fuga… andas jodido, colega. Porque el tipo es listo, sabe de virtudes y limitaciones, no duda en reprimir las segundas potenciando las primeras. Vamos, que si no puedo levantar los brazos de una forma me voy a buscar las habichuelas con otro guion. Porque aquí hemos venido a engrosar palmarés, colega, que para ser simpáticos ya están otros en el equipo.
En el 2017 a Sonny lo telefonean desde Bahrein (debió tener un prefijo larguísimo esa llamada) y se va a hacer las Arabias. A ver, tampoco es que fuese tan exótico el asunto, porque latía en allí un corazón latino que ríete tú de Bisbal, pero oigan… cambio importante. Acceso a carreras más grandes, calendario de primer nivel. Y el tipo lo aprovecha. Como siempre. Ratoneando relevos, poniendo cara de simpático, contando chistes graciosísimos en las escapadas. Luego ya, al sprint, que Coppi reparta suerte.

Y, claro, la mayoría de las veces Sonny lleva dos ases, porque en Lombardía son así. Así que va añadiendo entradas a la Wikipedia, y le hacen clubes de fans, y reparte cucamonas desde el pódium, y falta que salgan azafatas vestidas de falleras para que todo sea decididamente vintage. Cosas importantes, ¿eh?, no se crean. Etapas aquí y allá. Niza, Suiza, Alemania, Romandía. Clásicas. De las transalpinas y alguna fuera. Flecha Brabanzona, por ejemplo. Digamos que no es un coco, pero muchos empiezan a darle estrella en análisis antes de adoquines y muros. Por si acaso…
2021, el año de Sonny Colbrelli
Hasta lo de este año. Porque vaya, con lo de este año. Joder, lo de este año. Menudo año, este año. Apisonadora. Bueno, a ver, apisonadora tampoco, pero es que… Salto de calidad claro. Ramoneando triunfos aquí y allá. Como siempre, pero más. Y mejores. Y con otras piernas. Vamos, que aguanta el tipo por subidas tirando a gordas. Dauphiné, miren ustedes, que iba con dinamita en las patas. O en el Tour. Diana al primero, agua en Grande Boucle. Pero es que cuando caminas… caminas, y las cosas acaban llegando. Aunque sea a base de cometer sacrilegios.
Colbrelli gana el nacional italiano, y allí te regalan un maillot que es de lo más bonito que pueda usted imaginarse. Ay, el tricolore… qué cosa. Pasa que luego Colbrelli gana los Europeos (ante Remco Evenepoel), que es algo sin glamour, y sin historia, y sin gestas que contar, pero también da un maillot, mucho más feo que el italiano, pero como Europa es más grande que Italia (dicen algunos fuera de Italia), pues… Eso, que menudo cambio. Estéticamente salimos perdiendo, Sonny, te lo digo de verdad. Yo entiendo que celebres, pero…
La París-Roubaix 2021
Y ojo, que aun queda lo mejor. Una carrerita que hay entre París y Roubaix. Bueno, ya no sale de París, pero la tradición… Eso, que por octubre se hizo, porque está el mundo loco. Y salió con lluvia, con barro. Y había pavé, y baches, y soltaron cocodrilos hambrientos en algunos tramos especialmente difíciles. Todo eso. Allí, en algunas de las imágenes más icónicas del último lustro, se coló Colbrelli.

Perdía setecientos cincuenta metros con Van der Poel en cada curva, recuperaba con cuatro pistonadas de locomotora después. Atacar tampoco atacó mucho, no vamos a mentirles. A ver, en realidad… fue a rueda. Casi todo el rato. Sin problema, sin rubor. Somos noventeros, amigos.
Luego en el velódromo… en fin, qué les voy a contar, si ustedes saben cómo acaba. Gritos y lágrimas de Colbrelli, su victoria más importante. Después de esto se fue a robar la Navidad, el tren de Glasgow y a dar charlas sobre cierto programa piramidal que arroja siempre beneficios, sí, sí, como lo oye…

No descarten que en 2022 siga así, el tío. Ganando mucho más de lo que todos piensan, asombrando a quienes no confían en él.
Y sin perder la sonrisa.