Poco a poco, y contra todo pronóstico, Annemiek van Vleuten (Vleuten, 1982) se está haciendo un hueco cada vez más importante en las charlas sobre ciclismo masculino. Cada vez que alguien dice “primer ciclista en hacer X” se impone la coletilla… “bueno, primero después de van Vleuten”. O aquel paisano que reflexiona en voz alta “el mejor ciclista de la actualidad es Fulano”, y luego se lo piensa, y acaba añadiendo “bueno, mejor ciclista masculino, porque está van Vleuten”.

¿Alguna vez veremos a alguien ganando las tres Grandes la misma temporada? “Ejem, espere, que le comento sobre Annemiek”. O un escalador puro ganando en de Ronde… dime, ¿cuándo vamos a ver a un escalador puro ganando en de Ronde? “Pero, cómo… ¿no conoces a van Vleuten?”
Porque Annemiek van Vleuten, colegas, está metiendo la cabeza en el Gotha grandote del ciclismo. No del ciclismo femenino, qué va… del ciclismo a secas, ese deporte que consiste en darle fuerte a los pedales y ganar a otras doscientas personas (a otros doscientos tíos, a otras doscientas tías) que también pisan los pedales muy fuerte. Y ahí, en eso, en lo de las bicis, y los puertos, y las cronos, Annemiek van Vleuten es la mejor. Libra por libra, como los antiguos boxeadores. ¿Perdería una carrera contra, no sé, Aleksandr Vlásov? Pues oigan, seguramente. Pero también hubiese perdido Sugar Ray Robinson frente a Urtain y nadie te cambia a uno por otro en el escalafón. Ahí, a los putos puntos, Annemiek juega en otra liga, amigos…
Historia peculiar, no vayan a pensarse. Esa chica que practica un montón de deportes, pero mira la bici así, como que no. Más fútbol, también gimnasia, equitación. Bueno, vale, pedalea a ratitos, pero como hacen todos por los Países Bajos, que aquello no es entrenarse, es ir hasta el bareto. O hasta la cantina universitaria. Porque, sí, Annemiek van Vleuten se mete al tema Academia. Biología, que es cosa como de mucho estudiar, fórmulas a montones. Especialización en epidemiología, que menudo ojo, van Vleuten, con la especialización, que porque eres buena a la bici, van Vleuten, pero podías sacarte pastita a raudales, que está muy de moda, lo de la epidemiología.

Sucede que en aquel tiempo nuestra muchacha se parte la rodilla jugando al fútbol. Y eso, rodar por la hierba, lágrimas en los ojos, operación, un médico que dice “oye, mira, Annemiek, conozco cierta actividad que creo te va a ir cojonuda para recuperarte”. O lo que digan los médicos, igual “cojonudo” no es algo que usen demasiao. En fin, que ustedes (listísimos como son) ya saben por dónde va a ir el relato, ¿verdad?
Porque la chica le pilla el gustito al tema pedaleo. Tiene veinticinco años, quedará para cicloturistadas, para carreras de esas encubiertas bajo el apelativo “popular”. Solo que… joder, es que es una lástima, tú, que mira cómo anda, que menuda fiera. Veintisiete años y pasa a profesionales. Con veintisiete años hay pros que ya tienen hecho todo su palmarés (y hay posadolescentes que aun no han visto lo que es madrugar un domingo, cuidado, que de todo he visto).

Y eso, que máxima categoría. Con el DSB Bank-Nederland Bloeit, que es nombre guapísimo para un equipo ciclista. Maillot rojo, y azul, y blanco, y ribetes negros, y muchos patrocinadores aquí y allá, y… bueno, que el nombre es más chulo que la ropa, para qué les voy a andarme con gaitas… Pero aquí venimos a ganar, aunque hayamos llegado tarde. Y a ello que se pone, van Vleuten. En 2010 se cepilla La Route de France y tres etapas. Es el principio (bueno, el principio fue otro, pero ya saben). A partir de ahí… fogonazos aquí y allá. Plouay y De Ronde al año siguiente. Campeona de su país, plata mundial en crono por equipos. Goteos. Es una de las mejores del mundo, pero no es, no, la mejor de todas.
Hasta que empieza a tener mala suerte, hasta que empieza a sobreponer destinos.
No vayan a pensarse que Annemiek van Vleuten rueda sobre una carretera de adoquines dorados (los de Roubaix son mucho más feos). Ha tenido lesiones, sí. Lesiones feísimas. Dos operaciones en la ilíaca. Muñeca rota. Doble fractura de pubis en las piedras de Pascale. Y luego, no olviden, lo de Río. “Cuando la vi pensé que estaba muerta”, dijo Anna van der Breggen. Caída horrible, unas cuantas vértebras a la virulé. He de regresar más fuerte, dicen que dijo (o cuentan después que dicen que dijo). La clásica historia de superación que queda de puta madre cuando sale bien… pero estuvo muy cerca de salir mal.
Ahora Annemiek arrasa, más que correr. Miren, yo les soy sincero… una estilista, una estampa perfecta e inmóvil sobre la bici… pues, oigan, no. Vamos, que se menea cual lombriz, se le desencajan los hombros, baja cuadrada, tira remates de cabeza a derecha e izquierda como si fuese José Mari Bakero. Fruslerías, ojo, porque aquí te vas fabricando líneas de éxitos a base de ganar pruebas y no de protagonizar pósters en habitaciones de adolescentes (¿los adolescentes siguen teniendo pósters en la habitación?). Y ahí, en el puro sumar, van Vleuten domina. Vuelve de la lesión y empieza a sumar triunfos, récords. Doble Campeona del Mundo contrarreloj, otra vez en ruta. Dos Giros de Italia. Oro olímpico. Otra De Ronde, una Lieja. Y lo del 2022.
Que es para verlo aparte, lo del 2022.

A ver, para empezar… Lieja y Omloop. Bien, guay. Y, oye, Marcos, ¿las otras Clásicas? Pues fruslerías. Segunda en Flandes, segunda en Strade, segunda en Flecha Valona. Joder, no está mal. ¿Y Grandes Vueltas? Pues corre tres y trinca tres. Nunca nadie pudo siquiera acercarse a esa marca. Que no comparo yo, líbreme Eddy, los veintiún días de la Vuelta o las cinco etapas de la “Vuelta”, pero oye, cada cual gana donde puede ganar. Y ella gana siempre. Es la mejor escaladora del mundo, es incontenible cuesta arriba.
¿Exhibiciones? Todas. Lo que hizo en los Vosgos, que parecía correr dos categorías por encima de sus rivales. Lo de Fuente las Varas, que yo conozco Fuente las Varas, que no es un coloso, Fuente las Varas. Y pum, minutitos. Nadie puede toser a Annemiek van Vleuten. ¿Postre? Pues Campeonato del Mundo. Con fractura de codo, tirando de astucia, de casta. Otro arcoíris. Tiene en casa más maillots que un cicloturista con dinero…
Y lo que le queda. Porque Annemiek van Vleuten sonríe (casi) todo el tiempo, pero no se engañen.
Es una depredadora insaciable.