Vibrando por el Sobrarbe y en el Barceló Monasterio de Boltaña

Con base en el hotel Barceló Monasterio de Boltaña, con la máxima certificación Bikefriendly, recorrimos varias rutas de la comarca aragonesa del Sobrarbe.
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Teniendo como inmejorable base el Barceló Monasterio de Boltaña, hotel con la máxima calificación de Bikefriendly, exploramos en MTB parte de la Tracks de Ordesa, el casco histórico de Aínsa y La Estiva, a los pies del Monte Perdido. Todo ello en la comarca aragonesa del Sobrarbe , donde se concentra Zona Zero, un paraíso biker que cada vez atrae a más público extranjero. 

A principios de junio nos propusimos conocer en MTB el Sobrarbe y disfrutar de lo que esta zona, que cuenta con solamente tres habitantes por kilómetros cuadrado, puede ofrecer.

Para empezar, nos alojamos en uno de los siete establecimientos Bikefriendly que cuentan con la distinción Special Seven, el Barceló Monasterio de Boltaña, situado a 94 kilómetros de Huesca.

Esto implica, entre otras cosas, que el hotel en cuestión debe tener un espacio taller, guarda bicis individuales con candado y cámara de vigilancia, rutas varias, zona de lavado, nutrición adaptada (Menú Bikfrendly abierto de 11 a 23 horas), toma de corriente para bicis eléctricas, compresor, venta de productos bikers de primera necesidad (cubiertas, eslabones, líquido sellante, etc), prensa especializada y gps de alquiler.

La noche del viernes fue de toma de contacto, con una buena cena y a dormir pronto, que la jornada del sábado contaba con doble salida y las piernas debían descansar.

Subiendo sin descanso

La tranquilidad es una máxima de este establecimiento de cinco estrellas, el único de Huesca. No en vano, en sus instalaciones cuenta con una iglesia del s.XVII en la que se celebran bodas y comuniones. Tras el desayuno, nos citamos con Raúl y Carlos, de Bikefriendly, quienes nos acompañaron a lo largo de las tres salidas.

La primera de ellas fue la más dura, sin duda. Más de dos horas y media de subida sin descanso y 1.952 metros de desnivel acumulado a lo largo de solo 40 kilómetros en un recorrido que deben afrontar los bikers que se apunten a Tracks de Ordesa. Dicho así suena fuerte, casi mal. Pero lo cierto es que tras salir de Broto, tomamos un sendero técnico de subida –el único de la jornada– que “activó” nuestro Polar V650 de repente y nos dejó las Northwave Enduro Mid cubiertas de barro.

Posteriormente fuimos ganando metros sobre el nivel del mar en medio de un bosque de hayas y pinos. El premio llegó en la cima, en el mirador de Punta Acuta, una delicia para los sentidos. En la cúspide del puerto de montaña la vegetación escaseaba y tan solo había pastos pirenaicos, donde vacas y ovejas pacen en la época estival.

El descenso, largo y agradable, discurrió por pista hasta llegar a Buesa, donde finalizó la etapa. Habíamos bebido dos litros de agua y consumido 3000 calorías, que nos propusimos reponer en el almuerzo en el restaurante Marboré del propio hotel.

Una degustación con tapas de salmón y un exquisito twister de gamba con salsa de soja sirvieron como “antipasto” para el ansiado chuletón, que sació nuestro famélico estómago. La guinda del pastel fue un postre de mango con una logradísima apariencia de huevo frito. ¡Para mojar pan!

Por la tarde la ruta tenía un perfil completamente diferente. Desde Boltaña, capital administrativa del Sobrarbe, fuimos pedaleando siguiendo el curso del río Ara –el único virgen de toda la comarca– hasta Aínsa, capital de desarrollo económico.

Después de atravesar el casco histórico de esta bella población que en 2015 acogió una de las pruebas de las Enduro World Series –la que fue mejor valorada– nos adentramos por unos terrenos áridos, rodando por pistas entre margas. De repente, la vegetación exuberante pasó a ser de pinos y matorral bajo.

Tras varias subidas y tramos rompepiernas llegó el mayor premio de la jornada, un descenso rápido por uno de los muchos senderos de Zona Zero que tenía más dificultad de lo que a simple vista parecía.

Sin embargo, la Giant Trance Advanced 27.5 1, una pasmosa doble de 140 mm que alquilamos, sacó todo su potencial y disfrutamos enormemente a lo largo de los poco más de 20 kilómetros de ruta.

De vuelta al hotel, hicimos un tour por su amplia zona de spa, de 1100 metros cuadrados, haciendo especial hincapié en un masaje deportivo que nos dejó piernas y espalda como nuevos.

Vida de monjes

Por la noche y en el claustro antiguo, un monje de la Orden de los Carmelitas Descalzos nos relató con sumo detalle e ímpetu la historia del Monasterio de Boltaña, construido a mediados del s.XVII en esta población aragonesa que en gaélico significa “hermoso lugar”.

La desamortización de Mendizábal (1835-1836) obligó a los monjes a desalojar el monasterio, pasando este a manos de diferentes propietarios que lo explotaron para fines ganaderos y agrícolas. En 1920, un conocido cirujano barcelonés, el doctor Isaac Noguera, lo adquirió y reconvirtió para el tratamiento de enfermos de tuberculosis.

Más tarde pasó a ser un albergue hasta que fue comprado por el grupo hotelero que actualmente lo posee, que lo restauró e inauguró en 2005. La cena, cómo no, tuvo lugar en la bóveda, siguiendo una conseguida liturgia que nos transportó a otra época.

Rodando entre nubes

La última jornada presentaba otro desafío importante. Ascender hasta 2108 metros en un tramo de la Tracks del Monte Perdido. Salimos desde el pueblo de Espierba, en una pronunciada subida en su tramo inicial que posteriormente se va suavizando, hasta La Estiva. Allí, transcurridos nueve kilómetros y ascendidos cerca de setecientos metros, conseguimos unas grandilocuentes panorámicas del valle de Pineta, a los pies de Monte Perdido.

Eso sí, bien abrigados con la chaqueta impermeable porque el viento a más de dos mil metros y la humedad eran más que notables y no queríamos que nos calara en el cuerpo. Pero poder rodar entre nubes y luego, como divertimento, tratar de mantenernos encima de la bici por la nieve y derrapar, fue un verdadero regalo de la naturaleza como recompensa a nuestro esfuerzo.

Tras la ducha de rigor, el Monasterio de Boltaña nos ofreció el reparador Menú Bikefriendly, un producto específico para los ciclistas que suelen rodar por la zona y que aúna hidratos de carbono (arroz, pasta, cous cous), proteínas (pollo, merluza, ternera) y vitaminas (verduras y fruta variada). Con las reservas energéticas cargadas, emprendimos la vuelta a casa con un “hasta pronto”. Y es que lo que vivimos fue solo una pequeña muestra de lo que esta zona pirenaica y el hotel Barceló Monasterio de Boltaña prometen.

 

Fotos: Esteve Ripoll Allué y Barceló Monasterio de Boltaña

 

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