El miedo. Transforma la amenaza en reto

Opinión Experta

Mertixell
Bellatriu

Meritxell Bellatriu
Si en la anterior entrega tratábamos sobre cómo gestionar la frustración y la ira, en la presente nuestro propósito es ahondar en el miedo.

A modo de apertura nos encontramos la frase de Paulo Coelho, que hace referencia a esta emoción y nos anima, ante el temor, a dar un paso al frente.

“El peor de todos los pasos es el primero. Cuando estamos listos para una decisión importante, todas las fuerzas se concentran para evitar que sigamos adelante. Ya estamos acostumbrados a esto. Es una vieja ley de la física: romper la inercia es difícil. Como no podemos cambiar la física, concentremos la energía extra y así conseguiremos dar el primer paso. Después el camino mismo ayuda.”

Paulo Coelho

Pero si fuera tan fácil como avanzar un pie, seguramente no nos encontraríamos abordando dicha temática. Necesitamos entender, conocer, profundizar en nuestro miedo si queremos superarlo. ¡Vamos a ello!

El miedo

Pongámonos en contexto. El miedo es una emoción primaria. Se caracteriza por una intensa sensación desagradable provocada por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, pasado o futuro. Esta emoción se deriva de la aversión natural al riesgo o a la amenaza. Es considerado un mecanismo natural de supervivencia. La conducta habitual del miedo es huir de lo que se teme. Se relaciona al miedo con la ansiedad. Su máxima expresión sería el terror.

Sentimos miedo desde que nacemos y hasta que morimos. Forma parte de nuestro código genético (estamos genéticamente programados para sentirlo).

Sentirlo en algún momento o circunstancia es de lo más normal. Querer evitarlo, reprimirlo o negarlo no servirá para hacerlo desaparecer. Todo lo contrario, si se opta por la no aceptación en cualquiera de sus vertientes, tenemos varios números para conseguir que este se torne inconsciente y su gestión sea sumamente más complicada.

Aprende a gestionar el miedo en la práctica del deporte.

Como indicábamos, la función del miedo es protegernos de una amenaza real o imaginada. ¿Qué pasaría si el miedo no existiera? Imaginad a qué nos llevaría una vida vivida con temeridad.

Si esta emoción no existiera, los peligros y amenazas a las que nos expondríamos serían tan grandes que probablemente nos extinguiríamos. A tenor de este argumento, el miedo es necesario y útil.

Pero, os preguntaréis, el miedo ¿siempre es provechoso? ¿Cuándo se convierte en un problema?

La respuesta a la primera pregunta es, claramente, no. Enlazándola con la segunda cuestión, diremos que se convierte en un conflicto cuando esta emoción deriva de una distorsión o nos genera algún tipo de disfunción.

Es decir, esto sucede cuando sentir miedo nos ocasiona más malestar que lo que pudiera suceder si no lo sintiéramos. La consecuencia de esta distorsión es la limitación o la desagradable vivencia.

Aprende a gestionar el miedo: De la amenaza al reto

En el deporte, la gestión del miedo, como la de otras emociones, es fundamental. Una herramienta básica para su manejo es la inteligencia emocional. Pero, como anunciábamos en la cabecera de este artículo, no siempre nos es fácil transitar por nuestras emociones.

Para ello, planteamos una serie de recomendaciones para tener en cuenta que pueden ser de utilidad:

  1. Ante todo, intenta entender tu/s miedo/s. No pruebes a hacer caso omiso o a negarlo. Valora qué parte objetiva del miedo es real y qué parte puede estar sobredimensionada o distorsionada. Recuerda que la función principal del miedo es protegernos. Sopesa cuáles pueden ser las causas que propician la aparición de tal emoción. Puede que este punto no te sea fácil. Si el miedo persiste y te sientes condicionado a no disfrutar cuando practicas tu actividad deportiva, no dudes en acudir a un profesional, a un psicólogo. Te ayudará a ahondar en las posibles causas y te orientará de una forma personalizada.
  2. Ante la percepción del miedo recomendábamos valorar el riesgo real de la situación en la que aparece y plantearse cómo hacerle frente. Es decir, piensa qué estrategias puedes poner en marcha. Date tiempo. Querer que el miedo desaparezca rápidamente es una utopia. Transfórmalo progresivamente con las estrategias adecuadas.
  3. El mejor antídoto para superar el miedo es la autoconfianza. Esta se basa en la percepción subjetiva que tiene una persona de actuar de la forma correcta en una determinada situación. Para ello, sus pensamientos deben acompañarle. Es decir, ser realistas, pero también constructivos y útiles. Pensar en negativo o ponerte en lo peor solo te acarreará sufrimiento al revivir peligros y amenazas. Recuérdate situaciones difíciles que superaste en el pasado y encuentra en ellas la fuerza para reforzar tu autoconfianza.
  4. Haz uso de un autodiálogo positivo o motivador. Pensando en lo peor que puede pasar, difícilmente encontrarás la confianza necesaria para afrontar sin temor un obstáculo. Escudriña en tu cabeza y crea un repertorio de frases que puedan servirte de motivación o de ánimo para esos momentos. No es necesario pasarse de optimista; con ser realista e incluso pensar qué le dirías a una persona que estuviera en tu situación quizá ya sea suficiente.
  5. Visualízate superando dicha situación con confianza de una forma realista. En muchas ocasiones se hace uso de esta estrategia de la forma inversa. Creando imágenes negativas que refuerzan el miedo y la ansiedad. Antes de hacerlo, tienes que creértelo. Eso sí, sé realista siempre.
  6. Practica técnicas de respiración que ayuden a reducir tu nivel de activación. Recuerda que el miedo dispara la ansiedad. Ensáyalas en un momento tranquilo y, una vez interiorizadas, puedes ponerlas en práctica cuando aparezcan los primeros indicios de ansiedad y/o miedo.
  7. Como indicábamos, es recomendable darse tiempo para reducir el miedo y persistir. Para ello, os recomendamos afrontar la situación en la que aparece el temor de una forma progresiva haciendo uso del autodiálogo positivo y de alguna técnica de respiración. Por ejemplo: si la situación donde aparece el temor es en las bajadas, podemos realizar descensos de menor a mayor dificultad paulatinamente haciendo uso del autodiálogo y no incrementando la dificultad hasta que uno note que realiza la bajada actual con la suficiente confianza como para incrementar la técnica.
  8. Respira. Cuando el miedo aparece, nuestro nivel de activación aumenta y dificulta la ejecución. Coge aire en un segundo y déjalo en tres segundos. Repite este proceso tantas veces como necesites hasta notarte más calmado/a. Un buen estado mental es necesario para vencer las dificultades.
  9. Pasa de la amenaza al reto. La aparición del miedo nos viene a sugerir que tenemos que prepararnos mejor para afrontar una determinada situación. Es decir, nos indica que, antes de continuar haciendo lo mismo sin éxito, vayamos a buscar los recursos necesarios para volver más preparados en cuerpo y mente para superar dicho obstáculo. En ese bagaje de recursos a menudo encontramos la introspección, la tolerancia, la confianza, el trabajo duro, la persistencia, la pasión y la superación, entre otros. ¿Aceptas el reto?

Entrena tu mente… & ¡Be Positive!

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