Tom Pidcock, pequeño pero matón (y algo bocazas)

Thomas Pidcock (Leeds, 1999) es una rara avis dentro del ciclismo actual. Y de Tom Pidcock me vuelve loco su bocaza.

A mí de los ciclistas me suele gustar una sola cosa, porque diversificar amores tiene pinta de cansado, y no arrastro yo años para eso.

Así, de Ganna aprecio la planta que lleva sobre la bici, de Indurain la sensación de majestuosidad, admiro la constancia de Van Aert, o la grandilocuencia histriónica de Alaphilippe, o Bugno rodando elegante, o hasta esa forma de no-ganar que tiene Landa (aunque me gustaría verlo ganando, ojo).

Tom Pidcock

De Tom Pidcock me vuelve loco su bocaza. Thomas Pidcock (Leeds, 1999) es una rara avis dentro del ciclismo actual. Porque ahora se llevan los vídeos en redes sociales (si es haciendo el imbécil y saltándote el más mínimo respeto por la seguridad vial, mejor), las entrevistas-para-no-decir-nada, los halagos al rival (aunque su tope como pro sea un sexto puesto en el Gran Premio de Rivendel), las cucamonas, las muecas amables, el producto prefabricado y perfectamente lustroso para empaquetar y vender. Todo muy exportable, todo muy coñazo.
Y Pidcock no.

Hombre, tampoco nos vengamos arriba… no es de Vlaeminck, ni Vandenbroucke (“¿ves esa casita?, pues atacaré frente a su jardín y entraré ganador en Lieja”), ni siquiera un Eddy Merckx diciendo que quiere ganar todo y a todos. No. Pero oigan, para estos tiempos está bastante bien. Porque Pidcock tiene encima una flipada importante. Enorme. Suprema. Y a mí eso me chifla.

Tú ves a alguien ganando el Mundial de CX con superioridad incontestable y dices, oye, mira, un gran campeón. Pero es que le ves haciendo eso mismo y entrando en meta mientras lleva la posturita de Superman y… ejem. De primeras piensas que es un fantoche. Después… después dices, joder, sí, es un fantoche, claro, pero benditos fantoches. Exhibir algo ridículo sin quedar en ridículo es privilegio solo al alcance de los mejores. Y Pidcock está entre esos.

Exhibir algo ridículo sin quedar en ridículo es privilegio solo al alcance de los mejores. Y Pidcock está entre esos.

Porque, además, el tío no mide. Te sube a su-red-social-preferida-de-entrenamientos una carrerita continua, para soltar piernas, y le cuadran números de (casi) campeón de Europa. Dando vueltas a su manzana. Con gente. Con un chubasquero diecisiete tallas mayor (¿recuerdan el que llevó Rujano bajando San Marco?… Pues ese). Esquivando cacas de perro y tipos que salen del pub (coincidía con la hora feliz). Vamos, que imposible, tienes mal calibrado el asuntillo, Tom, tú mismo te debes dar cuenta. Pues nada, él lo sube. Podría parecer cuchufletesco, pero es que revela tantas cosas de su mentalidad… Eso sí, pasan unos días y no tiene problemas en reconocer el error. Miren, es que… Con sonrisa pícara, de niño malote, de travieso profesional. El típico tío que camina alegremente entre la chulería y el carisma.

Tom Pidcock Retrato en Sepia de Marcos Pereda

Solo que, además, es bueno. Porque chulos carismáticos conozco yo a montones (ejem), y ninguno de ellos corre con el equipo más rico del mundo. Algunos llegaron al WorldTour, eso sí, pero aquella es otra historia. La de Pidcock nos cuenta que bueno no… buenísimo. Y eso que tiene ya unos añitos, que casi enfila la retirada. Veintidós primaveras, cumplirá veintitrés apenas a la semana de concluido el Tour. Para los tiempos que corren… un anciano. Si hasta puede entrar en las discotecas sin que le pidan el DNI. En tiempos de Ayusos, de Carlos Rodríguez y Sheffields eso es toda una vida.

Sucede que le ha cundido. A Pidcock, digo. Parece mentira que un cuerpo tan pequeñito, tan reconcentrado (un cuerpo tipo Francis Begbie en Trainspotting, un cuerpo tipo Joe Pesci en Goodfellas, ustedes me entienden) pueda albergar semejante polivalencia. Barro, mountain bike, adoquines, grandes puertos, clásicas, campeón de parchís, primera dama de honor en Miss Yorkshire.

Tom Pidcock Retrato en Sepia de Marcos Pereda

A ver, por partes. Campeón del mundo junior en contrarreloj, luego el tío anda contrarreloj. París Roubaix de su categoría y luego en sub-23, luego el tío domina adoquines. Bronce en el Mundial chico, luego el tío controla las clásicas. Giro Ciclistico con veinte años, parciales por Bolca, Montespleuga (que es algo muy serio) y Aprica (después de subir Mortirolo… quizá el encadenado les suene de la expresión “qué duro es Aprica después de subir el Mortirolo”). Luego el tío escala divinamente. Debut con los grandes y Flecha Brabanzona, luego no acusa el salto. Campeón del Mundo de CX en las tres edades. Oro olímpico en MTB. Joder, si hasta ganó el Mundial de bicicleta eléctrica en 2020, macho, que no es serio, que las bicis eléctricas son para escritores maduritos con canas en el pelo, coño, que no puedo sufrir humillaciones en otra disciplina. Hace de todo, y lo hace bien.

Tres apuntes. Primero… no le contamos aquí la Amstel 2021, pese a que… en fin, no vamos a hablar de la Amstel 2021. Segundo… yo estaba cuando sacó bronce en casa, un lluvioso Harrogate. Llegó con la pierna llena de sangre por una caída, el morro lleno de fango por un día de perros y los ojos llenos de lágrimas porque solo le valía ganar. Y tercero… pesa cincuenta y ocho kilos. Cincuenta y ocho kilos. Que te viene genial para lo del Mortirolo, pero en Roubaix vas dando botes. Pues ahí, dos veces primero en el Velódromo. Y esperen, que con los grandes no tardará demasiado. Cincuenta y ocho kilos.

Tom Pidcock Retrato en Sepia de Marcos Pereda

Mortirolo y Trouée d´Arenberg. Es increíble. Y luego tiene lo otro. Lo otro. La polivalencia frente a micros, la ambición desmedida, ese “sí, soy pequeñajo, pero te voy a hacer una arrancada que te vas a quedar mirando p´al Galibier”.

Cero complejos, cero respeto, que es el grado de respeto máximo para los grandes campeones. Pidcock lleva camino de ellos. En casa plancha varios maillot arcoíris, y quiere algunos más. Y de otros colores. Rosas, amarillos, rojos. Y adoquines, un adoquín me quedaría guapísimo ahí, encima de la tele, donde los cómics de Astérix. Como para descartarlo. Como para no desear que destaque.

Eso sí… Tommy, colega, si entras solo en el óvalo de las hilaturas… no hagas el payasete, anda. No me obligues a ver la postura de Superman en la casa de Merckx, de Vlaeminck, Moser o Hinault. Te lo ruego

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