Simon Yates: el (no) discreto encanto de la elegancia

Simon Yates es un ciclista con una genética privilegiada y una clase fuera de lo normal. Por eso siempre sale bien en las fotos

Sean Yates tenía planta, pelazo rubio y una sonrisa de esas que no se pueden aguantar. También andaba en bici, porque los guapos, a veces, hacen cosas de esas raritas. Cuentan que si durante cierto Tour de Francia le estuvo persiguiendo una furgoneta con groupies, como si fuera el mismísimo Axl Rose. Eran otros tiempos, sin duda, y tampoco es que Sean aspirase a la general…

Que Simon Yates (Bury, 1992) no tenga parentesco directo con Sean Yates es algo que jamás le perdonaremos al Dios de las Historias. Porque, no me negarán, el asunto le ajusta como anillo al dedo. Aunque pocos anillos en dedos hay aquí, vaya. Pero la pose, la sonrisa y el je ne se quoi los tienen ustedes al alcance del buscador. Existir… existen.

Simon Yates (y la familia)

De Simon Yates muchos cuentan que tiene un hermano gemelo. Adam, creo. Más serio, más profesional, calculador, de esos que cumplen siempre a final de mes entregando todos los artículos pendientes, y pintan el techo del baño, y hasta sacan rato para hacer yoga por las mañanas, mínimo veinte minutos. Un coñazo, oigan.

El británico Simon Yates

Ya me dirán ustedes para qué quieres un Yates que haga todo eso, si la gracia de Yates es, precisamente, lo contrario. La pose. La cara de “podría ir bastante más rápido, pero no veas qué pereza”. El pedaleo sabrosón de quien sube repechillos guardando por si hay fotógrafos en la cima. Pack completo. Eso es Yates. Simon, al menos.

Victorias de Simon Yates

Ojo, que también gana. Gana mucho, gana tanto. El tío tiene palmarés como para sentarse en su sofá cada tarde y decir, “joder, sí, mereció la pena”. Variado, además.

Paseucos por Grandes. La Vuelta de 2018, cuando se impuso por delante de Mas y Miguel Ángel López (no vean ustedes las risas en el pódium, todo buen rollito y chistes de Eugenio). Entonces, en Andorra, tuvo que cerrar un hueco bastante grande con dos o tres tíos en cabeza. Pinot uno, ese aire ochentero que tiene, ese mover de hombros, esa cara de ir escuchando todo el tiempo “Me estoy volviendo loco, me estoy volviendo loco”. Dicen que si Yates pidió ayuda a un gregario, y le dijeron que imposible. Nada, hombre, tú a lo tuyo, contestó Simon, y arrancó para arriba sin problemas, porque un punto de exhibicionismo megalómano le hace mucho bien a este bendito deporte.

Que le pregunten a Merckx, o a Hinault, por citar dos ciclistas que hasta los youtubers conocerán… Y eso, maillot rojo por Madrid, con sus fotos nocturnas y su trofeo feísimo, gran victoria, muesca seria en el palmarés.

Simon Yates, un ciclista que aúna clase y palmarés
Simon Yates, un ciclista que aúna clase y palmarés

Las otras… pues más esquivas. Sobre todo el Giro, vaya, porque el Tour parece quedarle pelín grande al pequeñajo (un gigante comparado con Tom Pidcock, no se crean… los hijos de la Gran Bretaña han involucionado de narices desde Malcolm Elliott). Pelín grande pero sus etapitas que se lleva, y puestucos. Nada de interés, que aquí hemos venido por las risas y las gestas. Y, para eso… el Giro. Qué bonito, el Giro. Qué de pasión, el Giro. No veas las trampas, en el Giro. Perfecto para Yates, nos parece a todos, solo que a veces la Corsa es la Corsa, y uno no sabe qué puede y qué no puede hacer. Vamos, se encanalla el asunto y te quedas así, como con cara de tonto, pensando en dónde perdiste esa maglia tan chula.

Digamos que en 2021 tiene un pase el asunto, porque Bernal parecía inalcanzable con su INEOS en plan Estrella de la Muerte (Damiano Caruso estuvo a punto de hacer la del conducto de ventilación, también les digo), y bastante premio fue el pódium para nuestro sobradete inglés preferido, porque un pódium delante del Duomo es pódium doble (triple, si luego quieres comprar algo en la Galleria Vittorio Emanuele II). Entonces… cumplidor, oh, yeah.

Pero en 2018… ¿qué te ha pasado en 2018, Simon? ¿Por qué se te puso cara de Adam en 2018, Simon? ¿Qué meneíto metiste en Sappada (ciudad de vacaciones) para luego hundirte en Finestre, Simon?

Digamos que de aquella Yates fue testigo directo de “lo de Froome”. Bueno, directo, directo… iba vestido de rosa, como la pantera, pero le pilla todo el asunto bien alejado, porque peta gordísimamente nada más empezar el coloso, que subía Yates como si fuese un periodista especializado en ciclismo (solo que con estilo), y pierde media horuca, y siete años de vida, y los calzoncillos (esos tan bonitos con dibujitos de Hulk).

Vamos, hundimiento total. Ya es pena, porque iba de exhibición en exhibición hasta la picota definitiva, pero… Muy suyo, también les digo.

La clase de Simon Yates

Pero la gracia de Simon es esa. Tú lo ves y el tío parece que vaya sin esfuerzo, media sonrisa incluso, expresión general de “otra más y me voy para casa, lo juro”. Es todo un tratado de lenguaje corporal. Ese bamboleo sabrosón, ese maillot siempre un poco abierto, las gafas que no falten, porque los profesionales de estos temas siempre llevan gafas.

Un sonriente Simon Yates para la sesión fotográfica
Un sonriente Simon Yates para la sesión fotográfica

Ojalá a Simon Yates le dejasen competir con camisa ceñida en vez del jersey comercial, para subir montañas silbando con dos o tres botones sueltos, un cubata en la mano derecha y pinta general de, colega, cuando tú subes Tourmalet yo ya he bajado Luz Ardiden y ando de fiesta por Lourdes. Sin milagros.

Porque, en el fondo, no existen intervenciones celestiales en esto de la bici. Vamos, que si Simon gana y da espectáculo es porque el tío entrena y sufre. ¿Lo otro? Una pose, una particular forma de ir sobre el sillín, un estilo propio como el que tenían Mancebo o Ten Dam, pero con más suerte genética. Pero qué delicia, amigos, pensar que no. Que Simon Yates (Team Bikeexchange) va ahí por pura clase, y que se la suda todo a montones, y que podría pedalear más rápido, pero sudar es de horteras, y que lo importante es salir guapo para las fotos, una sonrisa, click.

Al final el ciclismo son estas cosas, ¿no? Historias, relatos y bonitas poses. Y ahí Simon Yates es uno de los mejores del mundo…  

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