Rigoberto Urán, o la sonrisa sobre bici

Excepcional retrato en sepia de Marcos Pereda a la figura del ciclista colombiano Rigoberto Urán.

Seguro que a todos ustedes les suena eso de “escarabajos”. Sí, sí, “escarabajos”. Para referirse a los ciclistas de Colombia. A ver, lo usaban más hace unos añitos, no voy a engañarles, pero esto se llama “retrato en sepia”, así que venían avisaducos del tono. No me pongan reclamación…

Lo que igual la mayoría desconoce es el origen de ese apodo. De dónde viene, porque escarabajos, lo que se dice escarabajos… bueno, pues no parece muy gorda la similitud con los ciclistas, ¿no? Gacelas, quizá… toros desbocados (si hablamos de Pogačar), tractores multiherramienta cuando ves a Wout. Hasta narcisos si pasa escapado Alaphilippe. Eso bien, pero ¿escarabajos?

Rigoberto Urán - Retrato en Sepia

Fue por error, que es como sucede lo más maravilloso de la vida. Ciclista que sube un puerto. Postura feota, las piernas muy abiertas, el tronco muy inclinado, los hombros muy moviéndose. Y el locutor que habla. Jorge Enrique Buitrago, Mirón le dicen todos. Habla. Busca el símil. Quiere comparar a aquel pedalista esforzado con un saltamontes. Piensen… tiene cierto aire. Pero no encuentra palabras, entra en pánico, dice lo primero que pasa por su lengua. He ahí, queridos oyentes, a un auténtico escarabajo de la montaña. Y así quedó.

Aquel primer escarabajo se llamaba Ramón Hoyos.

Ramón Hoyos era de Marinilla. Antioquia. Paisa hasta el tuétano. Ídolo en los años cincuenta, en los primeros sesenta. Tiempo de piques departamentales. Hoyos contra Forero, los de Medellín contra Cundinamarca. Pasión. Y Hoyos entra, juega a jugar. Entrevistas que son cada vez más libres, más locales. Empieza a introducir giros propios de su tierra, expresiones que solo conocen allá. Es ídolo para vecinos y compadres. Figura icónica. Mucho más que un ciclista, poco menos que un santo. Si hasta Gabriel García Márquez le hizo biografía…

Bien, pues Rigoberto Urán es un poco así.

Rigoberto Urán (Urrao, 1987) creció rápido. Qué quieren, vino la vida así. Desgracia, un padre muerto, cabeza de familia desde demasiado joven, desde demasiado pronto. Aprender a ganarse las habichuelas, soltar la lengua para llegar con encanto donde la plata no llega. Vendedor de lotería en tiempos donde otros niños aún juegan a pensar qué serán cuando sean mayores. También la bici, claro. El progenitor le metió ciclismo en sangre, y Rigo quiso seguirle. Es bueno, destaca, gana a todos aunque vaya con zapatillas de correr, pantalones de fútbol y ese aire de sana despreocupación que aún conserva.

Rigoberto Urán - Retrato en Sepia

(No se dejen engañar por la imagen, amigos… para llegar donde ha llegado Rigo hace falta ser disciplinado, muy disciplinado… Es solo que algunos se llevan esa disciplina hasta el fruncir de ceño, y él prefiere saludar a la vida a golpe de bromas).

Rigoberto Urán es tan inteligente que no necesita hacer exhibición de su inteligencia. Más aún, conecta con cualquier aficionado.

Que es bueno, dijimos. Solo que quiere más. Allá, en Colombia, no encuentra sitio para crecer. Son los años oscuros, los de la crisis, esos que hubo entre Parra y Nairo. Más o menos, sean buenos. Así que emigra. Rigoberto, digo. Para Italia. Aún adolescente. Adolescente de verdad. Desarraigo, entrenamientos, dieta. El chico que creció cuando no le tocaba crecer marcha solo. Ante él, la aventura.

Pasitos, siempre sostenidos, siempre mejorando. Team Tenax. Luego Unibet.com. Allí, primer aldabonazo. No ha cumplido los veinte y gana una crono en la Euskal Bizikleta. Vale que hubo circunstancias especiales, pero que le quiten lo bailao. Ya tenía un nombre. Caisse d´Epargne, la estructura Abarca, se fija en él. Tiene futuro, el mozo. Tiene futuro.

Allí, crecimiento. Conoce las Tres Grandes, conoce las clásicas. En Lombardía es tercero, porque puedes tener veintiún años pero si hay clase… se nota. Luego lo ficha SKY. Todopoderoso SKY. Inmenso SKY. Victorias, pódiums, plata olímpica. Segundo en un Giro de Italia. Mejor que ningún otro escarabajo antes. Lefevere no se lo piensa. Para mí. Otra vez segundo en Milán. Solo que, ahora, por delante queda Nairo. Un boyacense, un paisa. Como en los tiempos heroicos.

Cuando Urán pasa al equipo de Vaughters parece encontrar hábitat ideal para él. Aunque sean anglosajones, oiga, que nos cuesta entendernos a veces. Qué importa. Mira la ropa, qué chula. Mira las pintas, qué extravagantes. Mira ruedas de prensa, webs, filosofía general. De nuevo… pues seguramente una fachada, oigan, porque en un mundo ultraprofesional solo triunfan los más profesionales. Pero como imagen… perfecta.

Rigoberto Urán - Team Education First

Allí Urán es feliz. “Un día será presidente de Colombia”, escribió su director, y uno puede imaginar a Rigo riéndose, enarcando la ceja, diciendo, oye, mira, igual… Hace segundo en el Tour, está cerquita del pódium en otras dos ocasiones durante gran parte de la prueba. Todos lo quieren. Quien fue adolescente de guiños es ahora veterano que maneja perfectamente las palabras que dice, el retrato que presenta. Rigoberto Urán es tan inteligente que no necesita hacer exhibición de su inteligencia. Más aun, conecta con cualquier aficionado, desde los sesudos que analizan todo hasta esos chavalines que bajan a cunetas para dejarse las manos aplaudiendo. Chavales que son como él…

Y en eso se parece a Ramón Hoyos. Del primer escarabajo a uno de sus descendientes más ilustres. Urán es la quintaescencia del espíritu paisa. Porque habla como le sale, porque utiliza giros de la zona, porque no atiende a lo políticamente correcto. O no de forma expresa, vaya. No busquen aquí a un Sir, pero tampoco encuentren declaraciones despreciando a nadie ni metiéndose en charcos. Lean de nuevo lo de arriba. Tan inteligente que no anda demostrándolo a cada rato…

Y ahí sigue Rigo. Vale que no es el que más ataca del pelotón (ejem), y que últimamente la tercera semana se le pone cuesta arriba (ejem), y que igual su palmarés se quedó un poco cortuco para lo que muchos esperaban (ejem), pero el tío es un monstruo del marketing como pocos vieron. Vamos, que si el ciclismo consiste en vender minutos de publicidad nuestro hombre es campeón del mundo. Y todo a base de sonrisas, de tacos, de expresiones recién salidas desde la calle, de simpatía y greñas al viento.

Díganme ustedes si no mereció la pena todo este camino…

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