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Mundial de Yorkshire: agua, frío y pájaras. Crónica de un Mundial british

Crónica del Mundial de Yorkshire. Desde la exhibición de Annemiek van Vleuten y Rohan Dennis a la sorprendente victoria de Mads Pedersen. Y la pájara de Mathieu van Der Poel, claro.
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Y entonces….buuuum.

No fue algo que lo vieses venir. Cada vez más y más lento. Mala cara, gestos con los hombros, con las piernas, negando espasmódicamente. No. Esto fue distinto. Un momento eres campeón del mundo (destino mediante) y al siguiente quedas destrozado sobre la carretera. Un falso llano (llanos de verdad no había en el circuito de Harrogate, no se crean milongas). La impotencia, subir piñones como un loco, avanzar con ese desarrollo que solo usas en las subidas más duras. A ustedes les habrá pasado un montón de veces. A él también. Solo que esta, esta, fue especial. Porque allí, a trece kilómetros de la meta, Mathieu van der Poel, quedó vacío.

Mathieu van der Poel en el Mundial de Yorkshire
Mathieu van der Poel en el Mundial de Yorkshire
Foto: Alex Whitehead/SWpix.com

Frío y agua. Eso pareció el Mundial de Yorkshire desde fuera. Carreteras estrechas, sin arcenes, con enormes charcos brotando como lagos preternaturales en cada curva. Problemas de organización, sí. Muchos. Condiciones dantescas, también escasa previsión. Mal dueto, ese. Pero también pasión. Toda. Británicos, belgas, holandeses, eslovacos, españoles. Con sus banderas, sus gritos, sus campanas, sus mantras repetidos mil veces. Empapados, gotitas de agua corriendo por las cejas, pantalones llenos de barro, calzado que parece recién salido de la montaña. Qué más da. Horas y horas esperando. Esperándoles. A ellos.

Los ciclistas.

La exhibición del Mundial de Yorkshire

Ellos fueron los auténticos protagonistas de la semana, del Mundial de Yorkshire. Que no les engañen con caídas, caos o zarandajas similares. Ellos. Y ellas, vaya, que la mayor exhibición en Harrogate la dio una mujer. Se llama Annemiek van Vleuten y no se le ocurrió otra cosa que escaparse en mitad de los páramos de Yorkshire cuando aun quedaban más de cien kilómetros hasta la meta.

El ataque de Annemiek van Vleuten en el Mundial de Yorkshire fue antológico
El ataque de Annemiek van Vleuten en el Mundial de Yorkshire fue antológico
Foto: Pauline Ballet/SWpix.com

Allí, entre el rugido del viento por la maleza (wuthering,lo llaman, como en “Cumbres Borrascosas”) van Vleuten empezó una aventura de esas condenada al fracaso. Solo que a ella le salió bien. Valentía y fuerzas, más de tres horas en solitario.

Annemiek van Vleuten cruza la meta del Mundial de Yorkshire
Annemiek van Vleuten cruza la meta del Mundial de Yorkshire
Foto: Alex Whitehead/SWpix.com

Doblete para Holanda con Van der Breggen. La cosa pintaba a fiesta tulipán. Al final quedó un poquito coja, pero todas las miradas estaban puestas en los oranje.

El ambiente en la prueba feminidad del Mundial de Yorkshire fue espectacular
El ambiente en la prueba feminidad del Mundial de Yorkshire fue espectacular
Foto: Craig Zadoroznyj/SWpix.com

Otro que acaparó fotografías en el Mundial de Yorkshire fue Rohan Dennis. Australiano. Doble campeón del Mundo de contrarreloj, el año anterior y éste. Un chico rebelde. O, al menos, alguien que no se achanta, que defiende sus ideas hasta el final.

Rohan Dennis ganó el oro en el Mundial de Yorkshire con una BMC sin logos
Foto: Alex Broadway/SWpix.com

Tuvo un incidente feo en el Tour de Francia con su equipo, y estaba apartado de facto. Ni siquiera lo citaban en las redes sociales (y si no estás en las redes sociales es como si no existieras). Pero a él no le importó.

Dennis dominó por completo la crono con una bicicleta que llevaba la publicidad tapada (aunque todos supieran la marca) y un casco distinto al de su escuadra. No lo felicitaron, pero a él le dio igual. Su esposa lo esperaba en la meta con una pancarta de su escuadra. TeamDennis, se podía leer.

El australiano Rohan Dennis, en el podio del Mundial de Yorkshire
El australiano Rohan Dennis, en el podio del Mundial de Yorkshire
Foto: Alex Broadway/SWpix.com

(Ah, segundo fue Evenepoel. Tiene 19 años. No me extiendo más porque quiero guardarme con él palabras para el futuro. Tendré que usar muchas, creo…).

Mundial de Yorkshire (domingo)

El domingo amaneció lluvioso. Bueno, como el resto de los días. Hasta las ovejas temblaban en los páramos, apiñadas sobre trocitos de hierba sin agua. Porque esa es otra. Todo estaba inundado. ¿Han visto las fotos? Pues pozas así había casi a cada paso. Los Yorkshire Moors eran aquel día una mezcla de helechos, brezo y pantanos. Hasta se tuvo que recortar la prueba en su visita por el norte.

El recorrido del Mundial de Yorkshire llegó a inundarse
Foto: Alex Whitehead/SWpix.com

Dos subidas menos (y allí las subidas agarran, porque tienen pendientes muy altas y carretera de esa que parece tirar de ti hacia atrás), casi treinta kilómetros de reducción. Al final no importó demasiado, porque la dureza era suficiente y la meteorología jugó su papel para ir minando fuerzas, pero de primeras parecía, como poco, raro.

A pesar de que se recortó el recorrido, el Mundial de Yorkshire será recordado por su meteorología adversa
Foto: Allan McKenzie/SWpix.com

Fue un goteo. Disculpen el chiste, por cierto. Un goteo. Los nombres iban cayendo de una u otra manera. Gilbert, tras besar el suelo. Evenepoel, descartado tras esperarlo. Valverde, castañeantes los dientes. Alaphilippe vomita en plena carrera. Van Avermaet no asoma, Sagan tampoco, los españoles están perdidos en combate, Bennett comprende pronto que esto es demasiado para él. Stybar, Ulissi, Rui Costa.

Apenas hay ataques, pero los grandes van descolgándose, y abandonando, como versos mal dichos. Dureza, fondo. Elementos que (demasiadas veces) parecen erradicados del ciclismo actual y que voltean por completo la lectura competitiva. Quien es el más fuerte en el kilómetro ciento cincuenta no tiene por qué serlo cien más tarde. Tan sencillo. Tan complicado. 

Y entonces, él. Él. Quien era el máximo favorito, aquel al que todos vigilaban. Mira su dorsal, su rueda, y no lo dejes marchar. Mathieu van der Poel. No le importa, juega a su propio juego. Reglas particulares, las que pone a su antojo. Ataca a dos vueltas del final, cuando faltan 30 kilómetros para la meta. Hombre, no es lo de Van Vleuten pero tampoco está mal. Se forma un grupito, empiezan a relevar. Todos tienen la misma sensación. El Mundial de Yorkshire ha terminado para aquellos que no están delante.

(Sobre todo para Sagan, que jugó sus cartas de forma un poco conservadora y mostró más tarde piernas como para haber hecho algo más. En pocas palabras, perdió la posibilidad de convertirse en el único tipo con cuatro arco iris. Como para pasar un invierno dando vueltas a la cabeza).

¿Y Mathieu van der Poel?

Después llegó lo otro. La explosión de Mathieu van der Poel. Inesperada, demoledora. La celebración en el coche de Italia, con Trentin ya campeón del mundo y una piel de oso muy calentita sobre los hombros de Cassani. Solo que aun no lo habían cazado, ya saben.

Y encima se les descolgó Moscon. Mala señal. Y con Trentin iban Küng, una locomotora, y Mads Pedersen, danés jovencito de mofletes sonrosados y buena capacidad agonística. También, pásmense, aceptable punta de velocidad. Perfecto, entonces. 

Recta de meta, trescientos metros en subida, luego otros trescientos de falso llano. Matteo se alza sobre los pedales, Mads a su lado. Uno tiene calambres, el otro contempla más cerca que nunca una gloria de esas que te duran toda la vida. Alza los brazos. 

El danés Mads Pedersen, oro en el Mundial de Yorkshire
Foto: Alex Broadway/SWpix.com

Dinamarca tiene a su primer Campeón del Mundo de fondo en carretera en categoría profesional.

Ah, Van der Poel quiso acabar. Su primer Mundial en Ruta. El que pudo haber conquistado. El que era suyo hasta la última vuelta. Puesto 43, cuarto por la cola, a once minutos de Pedersen. Cuando entró en meta la gente aplaudía. Solo eso, aplaudía. Sin (demasiados) gritos, sin (demasiados) golpes en las vallas de publicidad. Aplausos. Reconocimiento. Quizá a él le valga de poco. Seguro que le vale de tanto.

Pd: ¿Y la selección española? Pues muy bien, gracias. O no. Toda la semana. Más bien no. Ustedes me entienden.

Texto: Marcos Pereda

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