Livigno, paraíso del mountain bike

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Livigno, paraíso del mountain bike

Esta es una de esas maravillas de la naturaleza que al menos una vez en la vida merece la pena visitar. En nuestro caso, eso implica cargar la mochila y montarnos en las bicis. Innumerables rutas alpinas, con desniveles de vértigo y paisajes propios de postal, nos aguardan en la población más fría de Italia. ¡Benvenuti a Livigno, paraíso del mountain bike!

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No lo vamos a negar ni a maquillar. Llegar a Livigno requiere tiempo, pericia al volante y, tal vez, una Biodramina. Desde España, la forma más rápida de viajar hasta allí es tomar un avión hasta Zúrich (Suiza) o Múnich (Alemania) y luego conducir por carretera.

En nuestro caso, aprovechamos el último día de Eurobike para empalmar con esta bucólica destinación. Casi cinco horas duró nuestro viaje desde Friedrichschafen (Alemania) hasta esta pequeña localidad de apenas 5000 habitantes. Un trayecto plagado de curvas en el que pasamos por lugares muy cercanos a donde se forjó el anillo que tanto ansía Gollum.

Sin embargo, tras superar el claustrofóbico túnel de una sola dirección (alterna cada diez minutos) que lleva a nuestro destino, llegamos a un auténtico paraíso de la bici, la responsable en la última década del boom turístico de Livigno.

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Las rutas de Livigno

En nuestro viaje pudimos disfrutar de lo mejor de la zona y los guías que nos acompañaron nos prepararon cuatro rutas de ensueño. Todas ellas están perfectamente marcadas y cuidadas. Incluso hay rutas especificas para cada deporte (senderismo, MTB…), quedando prohibidas para el resto. Todo en esta zona está pensado para que el deportista disfrute, y es en MTB donde probablemente se goce más.

Las rutas que hicimos fueron de distinto nivel, aunque todas ellas se pueden considerar de nivel medio como mínimo. Si tienes un perfil endurero estás de suerte, porque la mayoría de los caminos de la zona son eminentemente técnicos y harán las delicias de los más cañeros. Caminos repletos de piedras, raíces, desniveles pronunciados… Todo ello acompañado de unas vistas que quitan el sentido.

¿Recordáis dónde vivía Heidi? Pues está muy cerca de Livigno.

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Para el resto de bikers hay una red enorme de pistas y senderos de menor dificultad, aunque los desniveles son considerables en toda la zona. Además, el hecho de estar siempre situado a más de 1500 metros hace que los primeros días cueste respirar más de lo normal.

Una vez acostumbrados no notaréis nada y a la vuelta seréis los más fuertes de vuestra grupeta. De ahí que profesionales como Gunn-Rita Dahle o Marco Aurelio Fontana visiten Livigno para sus entrenamientos en altura.

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Gran parte de las rutas que hay en la zona son eminentemente bajadoras. Esto significa que normalmente se empieza en un punto alto para ir perdiendo altura con el paso de los kilómetros. Para llegar a estos puntos hay varias opciones. Desde los típicos remontes de estación de esquí (los presentes en Livigno como el Carosello 3000), a otros que nos llamaron mucho la atención: los bici taxis.

Estos taxis son furgonetas con remolques adaptados para transportar las bicicletas. Si eres de los maniáticos que no quiere que tu bici sufra ninguna ralladura, tranquilo. Todos los bici taxis que cogimos tenían remolques de varias formas, pero en ninguno de ellos la bici se rallaba o se tocaba con las demás.

Además, los mismos taxistas se encargan de subir las bicis y asegurarlas, así que por unos momentos te sientes como un profesional de la Copa del Mundo. No tienes que preocuparte de nada.

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A continuación os detallamos una a una cada ruta:

Día 1: Livigno (32 km, 480 m de desnivel positivo, 2100 m de desnivel negativo)

Para la primera ruta de nuestras “vacaciones” nos habían preparado la que a la postre fue una de las más divertidas y rápidas. Salimos desde el mismo pueblo de Livigno para coger un telesilla que nos llevaría hasta la cima de la montaña, donde empezamos un sendero muy divertido que hacía el telesilla que conduce al Carosello 3000.

Fue el primer sendero que realizamos y fuimos con la boca abierta todo el tiempo. No todo el mundo está acostumbrado a rodar a 2000 metros, disfrutando de un camino perfecto, con constantes subeybajas, peraltes y desnivel suficiente como para coger velocidad rápidamente. Si a esto le sumamos las vistas de la zona, el resultado es una maravilla.

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Una vez situados en la cima del Carosello 3000, iniciamos un descenso hacia el refugio de Cheséira da Fedaría, en la zona baja del valle. Este singletrack es uno de los más bonitos de la zona. Todo el camino está muy cuidado, es completamente natural y tiene una gran cantidad de curvas y peraltes, perfectos para jugar con la bici sin parar. Es imprescindible no emocionarse mucho, porque si te sales de la trazada la caída es importante…

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Una vez en el refugio, pudimos degustar los platos típicos de la zona, acompañados de embutidos, vinos y… ¡cerveza de Livigno! Después de comer y de los tradicionales licores para evitar desmayos, continuamos el camino hacia la parte baja del valle, de vuelta a Livigno.

El camino deja de ser sendero para ensancharse lo suficiente como para que pase un coche y tiende a bajar. Ofrece unas vistas impresionantes del valle y cruza pueblos abandonados y constantes cataratas de agua del deshielo. En la parte final pudimos disfrutar de otro singletrack de revista, en medio de un bosque imponente, con curvas que serpenteaban continuamente y con un buen desnivel para disfrutar.

Al llegar a Livigno nos sobraban fuerzas como para tener ración doble de adrenalina y decidimos coger otro telesilla que nos llevara hasta otra zona, a Valandrea. Aquí empezamos otro sendero con mas desnivel, más técnico, el de lo locales. De hecho, hizo que pusiéramos al límite nuestras bicis en más de un punto.

Una vez superada la parte alta, la más complicada y divertida, el resto del camino se volvía en otro sendero de película, con una sucesión constante de curvas y flow. Daban ganas de no parar nunca. Todos estos senderos acababan en Livigno, donde atravesando el pueblo a golpe de pedal nos plantamos en el hotel, preparados para disfrutar del jacuzzi y de una cena deliciosa.

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Día 2: La Romántica (24 kms, 754 m de desnivel positivo, 2092 m de desnivel negativo)

No os dejéis engañar por el nombre. No es un camino para disfrutar con la pareja, a no ser que esta sea una buena bici de Enduro. Empezamos el día en el Hotel Vedig, donde el bici taxi nos recogió para ir por la SS300 hasta el refugio A. Berni, en la cima del Passo Gavia (2541 m), en el Parque Nacional del Stelvio.

Esta zona es muy conocida por los aficionados a la bici de carretera. No es casualidad que el Giro de Italia pase por aquí todos los años que puede, siempre que la nieve les respete en primavera. Es uno de los puertos más bonitos para coronar con la bici de carretera y por todos lados se ven ciclistas disfrutando. Estamos en la zona de los Dolomitas.

Una vez en el refugio, si miramos en dirección norte veremos el Glaciar de San Mateo, uno de los pocos que quedan debido al cambio climático. Pues con el glaciar de fondo empieza la ruta, pasando al lado de una casa en ruinas que nos marca un pequeño sendero.

Todo el recorrido se hace por zonas con mucha piedra y con un buen desnivel. Si eres de los técnicos, enhorabuena: ¡Estás en el paraíso! Para el resto es mejor tomárselo con calma y disfrutar del entorno. Pocas veces rodaremos a los pies de un glaciar.

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Toda la ruta empieza paralela al curso de un pequeño río que desciende por lo más bajo del valle. A nuestra izquierda siempre tendremos unas vistas del valle impresionantes, mientras que a nuestra derecha el Pico Tresero (3602 m) será la referencia. Todo el sendero es técnico. No penséis que los kilómetros pasarán rápido. Al contrario, os tendréis que ganar cada metro con la mejor técnica.

Para amenizar la ruta hay algunos tramos de subida bastante duros, que se hacen perfectamente en un alarde de fuerza y técnica.

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Una vez transcurridos los primeros kilómetros llegamos a una de las zonas más conocidas de la Romántica. Dejamos atrás el paisaje alpino, sin árboles, para adentrarnos en un espeso bosque. Aquí empieza la zona con más desnivel, que nos llevará hasta Santa Caterina di Valfurba. Se trata de una sucesión de más de 80 curvas seguidas, muchas de ellas de 90 grados, que hacen que perdamos 700 m en solo 2,5 km. Con pendientes de más del 30%, se trata de uno de los senderos más famosos de Europa.

Infinidad de riders de todo el mundo viajan cada año a esta zona con tal de hacer la Romántica, aunque estamos seguros de que muy pocos lo conseguirán hacer sin poner un solo pie al suelo. Nosotros no fuimos unos de ellos. Después de comer en Santa Caterina nos dejamos caer hasta Bormio, donde finalizamos la ruta.

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No os perdáis este vídeo: http://www.youtube.com/watch?v=-EFof66BMKw

Día 3: Sunny Valley (32 km, 1320 m de desnivel positivo, 3.254 m de desnivel negativo)

Para el tercer día nos esperaba una gran sorpresa. Se unía al grupo el mismísimo Hans “No Way” Rey, una leyenda viva del MTB. A partir de ese día vimos el MTB de otra manera.

Hans es, mejor que nadie, quien encarna el espíritu del MTB. En los días que pudimos disfrutar de su compañía, nos enseñó una manera diferente de entender el MTB, mucho más lúdica y relajada, siempre pensando en rodar por los mejores sitios del mundo con el simple propósito de disfrutar de la vida a través de la bici.

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La ruta del día empezaba en el Hotel Alú (Bormio), donde un extraño bici taxi nos recogía. Decimos extraño porque no era una furgoneta Mercedes Benz como el resto de los días, sino un Land Rover de los de toda la vida, 100% de chapa. Ya entonces intuimos que a donde íbamos no llegaba un simple turismo. Así fue.

Después de infinidad de curvas por carreteras estrechas pasamos a circular por pistas de montaña para llegar hasta lo alto del Passo del Alpe, a 2.660 m, donde un refugio nos esperaba. Un espressino y empezamos la ruta, siguiendo a nuestro nuevo guía, Hans Rey.

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Después de cruzar varios ríos y de descender por caminos repletos de piedras, llegamos a una zona más suave, una especie de valle por donde serpenteaba un pequeño singletrack que nos puso la piel de gallina. Parecía una postal y estábamos a punto de bajar por él. Se trataba de la Val di Rezzalo, en el corazón de la Alta Rezia. Casas de campo, pequeños pueblos sacados de una postal…

Eso era lo que nos íbamos encontrando a nuestro paso. El camino estaba repleto de curvas y pasos estrechos, hasta llegar a la zona baja donde el sendero se ensanchaba. De ahí hasta la llegada a Frontale nos esperaba un camino muy entretenido, amenizado por algún pinchazo fruto del entusiasmo.

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La parte final, como el día anterior, era un senderito estrecho repleto de curvas divertidas, de las de 90 grados o más, que hacía que perdiéramos metros (500 m) en pocos kilómetros (3 km). Una paradita en Frontale para repostar agua y a continuar. El resto del camino fue más suave, pasando por diversos bosques y caminos secundarios para llegar hasta nuestro destino, una cata de vinos espectacular.

La ruta estaba hecha, habíamos disfrutado de lo lindo, el singletrack había sido uno de los más bonitos de nuestras vidas y acabábamos el día en unas bodegas disfrutando del mejor vino de la zona. ¿Qué más se podía pedir?

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Día 4: Ospizio Bernina – Lago Bianco (16 km, 391 metros de desnivel positivo, 1607 m de desnivel negativo)

El último día nos esperaba una ruta de lo más completa. Para empezar, pasamos la noche en Poschiavo (Suiza), desde donde cogimos el Bernina Express, que nos llevaría hasta el Ospizio Bernina. Este tren rojo es una de las mejores maneras de movernos por la zona y dispone de un vagón especial para bicicletas. Sí, como lo leéis.

En Suiza todo se cuida hasta el último detalle y los ciclistas estamos bien vistos en el tren. El vagón es diferente al resto, para poderlo diferenciar fácilmente, y en su interior hay soportes para colgar las bicicletas y viajar tranquilamente, ocupando poco espacio y evitando que se muevan y se caigan. Un detalle que casi nos hizo llorar de emoción.

La línea que cogimos es la que va desde Tirano (Italia) hasta St. Moritz (Suiza), en uno de los recorridos más bonitos que se pueden hacer en tren de todo el mundo. Solo por el hecho de subirse en este ferrocarril ya vale la pena hacer esta ruta.

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Una vez llegados al Ospizio Bernina (2.253 m), nos bajamos del tren y nos quedamos de piedra al ver las vistas. Ante nosotros se encontraba el Lago Bianco, un lago de aguas turquesas que viene directamente del deshielo de las montañas que tiene detrás, como el Piz Palú (3.900 m). En esta zona se encuentra uno de los glaciares más bonitos del mundo que nutre con sus aguas eternas al lago. ¡Impresionante!

Desde aquí empezamos un sendero que no se nos olvidará jamás. Empezaba por una ladera que descendía suavemente. A través del manto verde se dibujaba un pequeño sendero que zigzagueaba montaña abajo.

A ambos lados del sendero nos acompañaban impresionantes montañas y a nuestra derecha un glaciar. Esto fue asombroso y es de aquellas imágenes que cada vez que la recordéis se os dibujará una sonrisa de felicidad en la cara.

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Una vez pasada la estación de Alp Grüm empezamos un descenso mucho más técnico, entre árboles y con bastante pendiente. Hay que estar atento porque en determinados momentos cruza la vía del tren y es utilizado por senderistas, así que moderamos la velocidad.

A media bajada el camino se bifurcaba en dos. Estaba señalizado como fácil y difícil, así que sin pensarlo mucho fuimos a la difícil. Que Hans Rey te diga “Come on, let’s do it” hace mucho. Realmente era difícil. Si en La Romántica el punto de dificultad estaba controlado, en esta bajada, la versión difícil era realmente complicada. Desnivel muy acusado, grandes piedras y una buena dosis de sangre fría es lo que nos encontramos.

Además, poner un pie a tierra nunca viene mal y más si puedes disfrutar de la técnica de Hans. Un espectáculo en toda regla. El inicio de lo más complicado estaba en el precioso Lago de Palü. Desde ahí la cosa se ponía en nivel Pro y Hans nos demostró cómo se tenía que hacer. Una vez pasado este punto la cosa se suavizaba, lo más difícil ya estaba hecho y empezaban a sucederse una gran cantidad de curvas y saltos muy divertidos, todo natural. Si lo tuyo es el Enduro, este camino es de peregrinación obligada.

Superado el pueblo de Cavaglia, aprovechamos para hacer una parada de turismo cultural. En un pequeño monte cercano existen unas formaciones denominadas Marmittas, que la naturaleza de la zona ha ido construyendo a base de la erosión, hasta dar con unos pozos naturales de dimensiones considerables (15 m y más). Después de relajar la musculatura ya nos quedaba poco por recorrer.

La ruta se acababa pero quedaba una última bajada, divertida, repleta de curvas y con menor desnivel. Además, era exclusiva para MTB, por lo que no nos podríamos encontrar ningún senderista de frente. Así pues, pudimos soltar frenos en los últimos kilómetros de la ruta y de nuestro viaje. Eran kilómetros tranquilos donde pudimos disfrutar de la belleza del Cantón de los Grisones, de la tranquilidad reinante y de la educación hacia el ciclista de este país.

Es un verdadero gozo poder rodar por estos caminos y encontrártelo todo tan bien cuidado. Solo nos esperaba la mesa del restaurante, en plena plaza de Poschiavo, para comer y reflexionar sobre todo lo vivido. Sin duda, ya estamos pensando en cuándo volver.

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GASTRONOMÍA

Comer en Livigno es un placer. Tampoco es ningún secreto que estamos acostumbrados a la buena comida, pero la zona del Sud Tirol presenta similitudes con nuestra dieta. La única diferencia reseñable es el horario. Como en la mayoría de países del mundo, el horario de los ágapes es diferente al nuestro. Se come antes, cosa que agradecemos, aunque nos cueste coger el hambre los primeros días.

En la mayoría de restaurantes que visitamos nos acompañaron el menú con pequeños aperitivos de la zona, estéticos y deliciosos. Para alegría biker, la pasta es una especialidad en toda Italia y la Alta Rezia tiene una gran variedad y cantidad de restaurantes donde la cocinan a la perfección. Jamás olvidaremos esos risottos.

Además, tienen carnes de gran calidad, que cocinan de manera muy similar a nosotros, aunque con pequeñas modificaciones que siempre son de agradecer. Mención especial a la carne del Piemonte (Tagliata di fileto di Fassona Piemontese, en el restaurante La Pioda), una especie de solomillo poco hecho, de una carne que se cría únicamente en una zona de Italia y en las mejores condiciones. El resultado es sorprendente. Una de las mejores carnes que hemos probado nunca.

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El embutido es muy abundante y variado, con cierta similitud al nuestro; jamón, chorizo, salchichón… pero generalmente todos tienen un toque ahumado. Es curioso, le da un toque muy bueno, aunque nuestro embutido ibérico sigue siendo mejor, las cosas como son. Mención aparte al queso. Aquí sí que tienen una materia prima excelente y se nota. Una variedad enorme y de calidad sobresaliente.

Para beber, aun siendo una zona de montaña, en las partes más bajas se cultiva la uva y tienen un vino de buena calidad. Tuvimos la ocasión de degustar una cata de vinos donde nos dieron a probar lo mejor de la zona (Bormio).

Algunos nos recordaron ligeramente a un Ribera del Duero, aunque con algunas diferencias. Como pasa en el resto de la comida, nuestros vinos siguen siendo de mejor calidad y, lo más importante, más abundantes, lo que nos garantiza vino de calidad a precio muy asequible. También nos llamó mucho la atención la cerveza 1816 La cerveza più alta d’Europa.

En uno de los refugios (Cheséira da Fedaría) nos dieron a probar esta cerveza, que se produce en Livigno, a 1816 m de altura. Es la cerveza más alta de Europa y sinceramente es muy buena. No es nada fuerte y, si sois cerveceros, os gustará. No dejéis de probarla.

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Los postres son otra de las especialidades de la zona. Hay todo tipo de postres que se suelen acompañar con el famoso café. Sin duda, los italianos saben preparar un buen café, y en Livigno los disfrutarás por todas partes. Es un placer hacer una ruta épica a 2000 m, con singletracks de ensueño y encontrarte un refugio de montaña donde preparan un café delicioso. Eso no tiene precio.

Después del café viene el plato fuerte, los digestivos típicos: Braulio, Taneda, Amaro Montenegro… Destilados de aguardiente y similar, con hierbas o solos y realmente fuertes. El Braulio nos gustó más de la cuenta y lo pagamos en el descenso…

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TURISMO

El turismo de la zona constituye la principal actividad económica de Livigno y, como tal, hay de todo para el visitante. Nos sorprendió el hecho de que Livigno sea una población Tax Free, así que todo lo que podáis comprar está exento de IVA. Para que os hagáis una idea, la gasolina cuesta un euro el litro.

Todo Livigno está repleto de las mejores tiendas con las marcas más exclusivas. Encontraréis todo tipo de ropa, accesorios o cualquier clase de material relacionado con el deporte de montaña u otra actividad. Si vais a Livigno sin bicicleta, tenéis una gran variedad de tiendas donde poder alquilar el modelo que más os guste, así que no tenéis excusa para poder disfrutar de horas y horas de singletracks de película.

Además de deportes de montaña de todo tipo, la zona de la Alta Valtelina está repleta de otro tipo de actividades. En nuestro viaje pudimos disfrutar de un baño en las termas de Bagni Vecchi (Valdidentro, Bormio). Se trata de un pequeño pueblo situado al norte de Bormio, donde en época romana (s. I a.C.) se construyó un conjunto termal, ya que de sus laderas brotaba agua caliente.

A día de hoy se conservan gran parte de estas estancias y se han aumentado. Así, podréis visitar salas calientes, frías, templadas… Algunas de ellas son originales de época romana y es una experiencia única poder bañarse en el mismo agua y apoyado en las mismas paredes en que lo hacían los romanos hace más de 2000 años.

Si visitáis la zona en invierno no podréis disfrutar de la MTB debido a la nieve, pero sí os podréis dar un baño en una de sus piscinas, situadas en el exterior. Desde allí veréis todo el valle nevado, disfrutando de un relajante baño caliente.

SERVICIOS

Este es uno de los puntos que más impresión y envidia nos provocaron al viajar por la Alta Valtelina y el Cantón de los Grisones. Parece que todo esté diseñado para facilitar la vida a la gente que quiere disfrutar de la montaña y, en nuestro caso, el ciclista está especialmente mimado. Hay todo tipo de rutas y servicios para nosotros, caminos exclusivos… De todo. Pero nos llamaron poderosamente la atención cuatro elementos:

Los bike hoteles. Sí, así de sencillo. En un país con tanta montaña y tanto turismo ciclista, tanto de MTB como de carretera, hay una gran cantidad de hoteles especialmente adaptados para nosotros. Todos ellos cuentan con un parking donde dejar nuestra bici, colgada con su propio soporte, para evitar que se rayen entre ellas al guardarlas.

Todos tienen un pequeño taller con un potro de trabajo, herramientas, manguera y todo tipo de recambios básicos para arreglar nosotros mismos nuestra bici y hacer nuestras rutas sin problemas.

Además, tienen servicio de lavandería donde poder lavar nuestra ropa llena de barro y menús adaptados a las exigencias bikers. Una auténtica maravilla.

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El tren rojo suizo. Es uno de los ferrocarriles más famosos del mundo y recorre la región del Cantón de los Grisones, en el sur de Suiza. Desde 2008 es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y algunos de sus trenes son muy conocidos: el Glacier Express (Zermatt-Sankt Moritz) o el expresso más lento del mundo y el Bernina Express (Coira-Tirano por el puerto del Bernina), que es el que cogimos nosotros.

Nada más coger el tren en la Estación de Poschiavo ya lo identificamos por su color rojo. Nos llamó la atención uno de sus vagones, con la puerta diferente al resto, simplemente para que podamos meter mas fácilmente nuestra bici. Este vagón está destinado solo a las bicicletas, que van colgadas en ganchos, para que viajen seguras y sin golpes entre ellas. Es alucinante.

¿Tanto costaría poner algún soporte similar para bicicletas en nuestros trenes? El tren llega a su punto más alto atravesando el Alp Grüm y llegando al Ospizzio Bernina, a 2253 m. Desde allí desciende hacia Pontresina, a escasos kilómetros de Saint Moritz.

Bici taxis. Parece una idea sencilla pero en una zona con tanto desnivel son de gran ayuda. La mayoría de rutas que hicimos las empezamos desde una altitud considerable. Existe un tipo de taxis específicos que tienen un remolque trasero donde llevan diversos soportes para colocar las bicicletas. De esta manera llegamos hasta cualquier punto, por muy alto que fuera, y pudimos comenzar las rutas.

Se trata de coches, furgonetas o incluso todoterrenos que nos llevarán donde queramos. Son simplemente taxis para ciclistas y sus bicis.

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Bike Wash. Esto es una pequeña máquina que vimos en algunos bike hoteles. Como su nombre indica, se trata de mini trenes de lavado para bicicletas. Metes la bici dentro, cierras la puerta, insertas una moneda y se te lava la bici. Suiza parece el futuro.

Texto: Albert Roncero y Esteve Ripoll Allué

Agradecimiento especial a Hans Rey y Lars Wich

Fotos: Bartek Wolinski

Para más información: Livigno, bikeparks y rutas

Texto publicado en el número 22 de Mountain Biker.

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