Juanpe López, o “maglia” se escribe con «ene»

Juanpe López es pequeñajo, nervioso y hace muchas muecas. Visto así parecería un Thomas Voeckler con acento andaluz, pero a lo mejor el tío esconde historia chula dentro...

A Juan Pedro López (Lebrija, 1997) usted lo conocerá, sobre todo, por el Giro de Italia 2022. Nadie vistió más días que él la maglia rosa, pocos alcanzaron tales cotas de protagonismo. Vamos, que tú a Juanpe lo ves por la calle y le dices “oye, Juanpe, colega, qué pasa, invítate a algo”, y con Jay Hindley (a la postre ganador) como mucho te sale un “disculpe, caballero, me indica la chupitería más cercana”. Más o menos, no se me vayan a enfadar. 

Juanpe López Retrato en Sepia de Marcos Pereda

Antes había hecho cosas, ojo, cosas de narices. Currar como un campeón, lo primero. Sobre la bicicleta y al bajarse, que es tema aun más chulo, porque yo ciclistas conozco a montones, pero admirar, lo que se dice admirar… admiro a los currantes. Y eso, que nuestro López era pizzero (igual de ahí su éxito transalpino), y tiró a ratucos en la empresa de un amiguete como mortero (no motero, que ese es otro). Por lo de no ir pidiendo perras en casa para comprarse la Play, el frigopié en agosto y un maillot del Molteni, qué bonito, macho, el maillot del Molteni.

También corría en bici, ¿eh? Destacando por los sitios que debes destacar si corres en bici, tienes menos de veinte años y no te pusieron Remco tus padres. Vuelta al Bidasoa, etapita en Aosta, rondas chiquitucas, exotismos tipo Sicilia, Antalya o Utah. Lo pasa Trek-Segafredo y empieza a asomar aquí y allá. La Vuelta, decimotercero en 2021. Itzulia, undécimo hace solo unos meses. Sol y lluvia, destacando, sobre todo, en pendientes. Es que es chiquituco, el tío, flaco como una anguila, nerviosete cual Bernard Hinault por julio del 86. Buenas trazas, escalador de los de antaño, de los que trincan pérdidas en abanicos como si no costase. Que cuesta, vaya si cuesta. Animador, al menos. Seguro que se hacen cargo del perfil. Lagartijilla que sonríe pero no causa terror.

Hasta este Giro.

Porque en este Giro Juan Pedro López atacó a todos. A Kämna subiendo el Etna, solo que se comió la última curva, y aquello ya no había forma de arreglarlo, y qué penuca, tío, pero al menos trincas rosa, que es color bien majo. Entró ese día pegando hostias al manillar, lo que es síntoma sanote, por aquello de la ambición. Luego dicen que si insultó gravemente (pero, casi seguro, con gracia, algo rollo meviacagaentoatuestampa) a otro ciclista, y luego pidió perdón, y más tarde se enfadó con la bolsa de avituallamiento (las bolsas de avituallamiento a veces van de enteradillas, que si mira este gel qué guapo, que si los frutos secos están húmedos), la estrelló contra el suelo, no hubo heridos, no hubo lesiones, pero quedó todo espectacular en pantalla, rollo peli ochentera con Carl Weathers. Juanpe lloraba mucho ante los micros, hablaba un inglés bastante bueno, se mostraba humilde y encantador.

Vamos… que carisma regular, porque los yernos ideales en ciclismo molan lo justo, salvo que se llamen Miguel y se apelliden Indurain. Menos mal que a veces le salían brotes psicóticos de esos que tanto apreciamos por acá. Sigue así, Juanpe, sigue así. La de grimpeur chiflado con arranques de ira es profesión clásica. 

Retrato en Sepia de Juanpe López

Pero el demarraje más fuerte de Juanpe López en la Corsa ha sido contra la mismísima RAE. La Real Academia Española de la Lengua, colegas, un sitio lleno de fiestas, matasuegras y sentido del humor donde peña como Arturo Pérez-Reverte, Francisco Rico o Mario Vargas Llosa se tiran los jueves contando chistes de gangosos. Pues eso. Que hasta intervino tan egregia institución. Que se escribe Juampe. JuaMpe, por aquello de la eme antes de pe, y tal. Y el otro que no, que él pasa.

A mí ponedme Juanpe, hostias ya, que yo no me meto con nadie, que me dejéis tranquilo, que soy el Juanpe, el Juanpe, vamos Juanpe, vamos Juanpe, eh, eh. Más o menos, es una figuración. Yo lo escribo Juanpe, porque así lo quiere su protagonista, y si hay niñas por ahí que se llaman Khaleesi Vanessa o Rihanna Shakira de todos los Loles pues quién soy yo para andar juzgando. 

Y eso, que Juanpe mola. En cada puerto iba el tío retorciéndose como si acabase de comer un bocata de morcilla. Y la misma cara, no se crean. Pero, mira… aguanta. Toda la última semana con pinta de perderte media hora el día menos pensado (solo que este corre en Trek, y el documental tiene otro título), y finalmente entrando a segunducos de los mejores. Entre tira tú que a mí me da la risa, landismo legendario y caras de asustaviejas pues… salva que te salva. Y botín excelente. Maglia bianca, décimo en la general, sobreexposición pública con todas esas entrevistas tan sosas y todas esas reacciones tan cañeras. Tú ahora a Juanpe lo conoces, y eso es lo mejor que le puede pasar a un ciclista (y a un escritor, por citar ejemplos casuales).

retrato en sepia de Juanpe López por Marcos Pereda

Ahora le toca lo más difícil. Digamos que no está claro su techo, porque el Giro ha dejado destellos pero tampoco deslumbrantes (estamos tan acostumbrados al deslumbre estos últimos tiempos que parecemos cervatillos mirando faros de coche). Vamos, que las siguientes citas de Juanpe (la Vuelta, tiremos de lo que está más cerca) se van a mover en un equilibro complicado. A lo que aspira de forma real y lo que todos le echaremos sobre los hombros después de escuchar tanto su nombre por la Bota. Todos los éxitos tienen su reverso, cuentan (yo nunca he tenido un éxito, así que ni idea, oigan). 

También les digo, responsabilidades cargan muchos. Al menos Juanpe se trincó sus buenos días con la maglia

Eso sí, ahora que no nos escucha nadie… Juanpe, monstruo… ponte la “eme”, tío, que no te cuesta y yo me quedo mucho más sosegao, que no veas el sufrimiento. 

Porfi. 

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